Suicidio Compasivo

―¿Crees que voy a morir?

―Chica, a simple vista yo diría que sí.

―Tengo mal aspecto ¿Verdad?

―Si no te hubiese visto caer por ese barranco quizás no opinaría lo mismo pero,
verte así…la verdad que no me infunde una pronta y segura recuperación.

―Así es mi vida, así ha sido y nunca tendrá un final.

―Coño, optimista no eres.

―Ni optometrista tampoco.

―…

―Da igual, no te rías, solo intentaba hacer un chiste.

―Pues no le veo la gracia.

―Ya…porque mi vida es una desgracia.

―Si es otro chiste sigo sin cogerlo, si era una rima, pues rima…si en tu estado eso te hace feliz por mí como si haces una canción de amor.

―Me gustaría que me mataras, es lo único que quiero pedirte para intentar ser
feliz.

―¿Los muertos son felices?

―Te voy a contar mi vida y tú decidirás si merece la pena matarme por compasión.

―¡Sha rediós! A ver. Qué yo estaba por aquí a mi rollo, sin causar problemas y tú
caíste por el barranco ese. Qué necesidad tengo yo de meterme en estos follones
si… escucha … parece que ya vienen a por ti…¿Los oyes? Ya se va a acabar todo…

…ha caído por aquí…la vi caer…con esta maleza va a ser difícil localizarla…

―Mátame, por favor. Nadie te verá hacerlo, golpéame con una piedra en la cabeza y desaparece. Nadie sabrá que has sido tú, pensaran que me golpeé con una de tantas rocas.

―Así…sin más. Sin conocernos de nada. Vas, te caes, llegas aquí rodando y yo, yo, que estaba aquí tan tranquilito echándome una siesta,… mi siesta…¿De verdad me estas pidiendo que te escache la cabeza con una piedra?  ¿Tan triste es tu historia? …es que estoy empezando a pensar que quizás estemos predestinados, porque yo…yo si que tengo una triste historia y no me importaría morir.

―No hay tiempo para historias. Mátame.

―Todavía tardaran en llegar, no es tan fácil bajar hasta aquí, nadie se atreve a…

―Mátame. No quiero seguir viviendo así…¿No lo ves? ¿Acaso crees que esto es normal? Tú tienes de lo que yo carezco…dos piernas fuertes, dos manos para hacer lo que quieran…joder…si hasta tienes orejas…¿Crees que es fácil vivir con este cuerpo?…¿Sabes cómo me llaman?…Muñón…¿Te hace gracia?

―Coño, perdona. Muñón es nombre de chico, por eso me reí. No tienes miembros pero eres guapa, en cambio yo soy feo como un mono.

―Eso es mentira, eres mono.

―Bueno, si prefieres decir que no soy guapo ni feo será mejor que digas que soy
resultón.

―Mira resultón. Si quieres compadecerte de ti mismo hazlo, pero por favor mátame antes de que lleguen ellos y me saquen con vida de aquí. No quiero vivir dependiendo de nadie, estoy harto de que me den de comer, de que me limpien la mierda, de que me traten y hablen como si fuera un bebé. ¿Crees que merece la pena vivir arrastrándome? No salir nunca del mismo sitio, no sentir la lluvia caer ni ser acariciada por los rayos del sol. No…

…Por aquí, hay ramas rotas…creo que está ahí abajo…cuidado…

―¿Ves? Somos casi iguales, yo solo soy un paria en esta sociedad, la gente me señala con el dedo, a veces me dan comida, pero nadie puede acercarse a mí. Soy un apestoso, por eso vivo aquí recluido, lejos de la sociedad que me margina con su dedo acusador. ¿Por qué no me matas tú a mí y acabas con mi depresión y aburrimiento?

―Estamos perdiendo el tiempo. Mátame. Seguro que hasta ahora no te habías planteado morir. Los dos no podemos morir, uno tiene que matar al otro. Hazlo… por favor.

―Esto es un suicidio ¿Verdad? Te tiraste para morir y… mírate, sin un rasguño. Quizás no te haya llegado el momento de morir.

―Por favor…hazlo…No puedo seguir así…Tú por lo menos te matarás a pajas, pero ¿crees que alguien de por aquí se acostaría con un muñón sin orejas?

―Me dejas sin palabras. Dime como puedo matarte, en qué lugar tengo que golpear para asegurarme de que no respires más.

―Tan solo tienes que escacharme la cabeza hasta que deje de respirar. Coge la piedra con las dos manos…muy bien…ahora solo tienes que golpearme hasta que te asegures de que he dejado de respiras…con fuerza…si…coge impulso…gracias por ayudarme a morir en paz…

…¡Nooooo!…¡no lo hagas!…!para!…No la golpees…

―Inútil…Con lo fácil que era matarme…tan sencillo como darme un palo en la cabeza como el que a ti te han dado… y mira…mierda…tú ahí muerto de un golpe y yo aquí a seguir arrastrándome sin piedad…inútil…

Pero…¿qué cojones has hecho? Lo has matado del golpe…mierda…mierda…mierda, le has reventado la cabeza con un palo…mierda…mierda…mierda…en que lío nos hemos metido…joder…hubiera preferido que la matara él a ella…eso habría sido lo mejor para todos…pero no…tenías que cargártelo a él…al mono…a la puta mascota  y atracción principal de este zoo…si ya lo decía Eva, las serpientes son el diablo.

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Sueños Impasibles

Sueños Impasibles no es una relato como los otros que hay por aquí. En realidad es un pedazo de mi vidad y un reto personal que me a costado mucho tiempo escribir.

El enlace está aquí:

http://megustaescribir.com/obra/4efa4752b6067

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Clink-clonk…Cencerraba Verita…Clink-clonk

Se encerró en si misma. Ya no quiso saber nada del mundo exterior. No pastaba por los verdes prados ni bebía de los gasificados arroyos. Triste y cabizbaja pateaba el monte pensando en su amante furtivo, en lo difícil qué era estar con él, en los impedimentos morales que suponía. Verita era una oveja morena, de lana oscura y dura. Tenía hocico picudo, ojillos brillantes y una sonrisa que atraía a cualquier macho cabrío. Y en los machos de su especie estaba el problema. Verita se había enamorado tontamente, sin pensarlo, sin dudar de lo que hacía, sin poder evitarlo. Pobre Verita, se había enamorado de un oso rubio de zarpas prominentes y hocico atrayente. Qué gran estupidez había cometido la ovejita. Eso era un amor imposible de corresponder.

Virto era un oso gruñón a simple vista. Su semblante serio hacía pensar qué era muy fiero y agresivo. Pero por dentro, bajo ese pelaje tan recio había un enorme corazón. Se pasaba el día corriendo y corriendo, montaña arriba y montaña abajo, corriendo en busca de alimento, corriendo en busca de ositas, corriendo por correr, solo por sentir el viento, solo por sentirse libre día a día. Un día, un buen día para él y un mal día para su víctima, sintió el clink-clonk de una ovejita y cómo era omnívoro y hacía tiempo que no comía carne decidió darse un festín de ovejitas.

Jero, Teri vera y Victor

Clink-clonk, clin-clonk, clin-clonk. Iba la ovejita Verita caminito de su casita. Con su movimiento de caderas insurgentes y su andar de gacela del Zerengueti. Con el hocico muy alto, siempre mirando al frente, marcando el ritmo con su cencerro. La brisa de las montañas le golpeó la naricilla con el acre olor del miedo y la inseguridad. Miró hacia atrás en el mismo momento que unas ramas crujían y un oso enfurecido y confuso aparecía saltando sobre las yerbaluisas. Sintió el pánico en sus lanas, sus pezuñas se ablandaron como arcilla humedecida. El pánico acudió a su mente porque sus patitas habían olvidado como batirse en retirada. Encaró al feroz oso, con orgullo y decisión antes de que su carne fuera despedazada. El animal rubio y peludo quebraba las piedras a su paso, dando grandes zancadas y haciendo temblar a los árboles. Cuando ya estaba casi encima de la diminuta Verita se irguió en dos patas para demostrar su poderío y su pecho tupido como el velcro. Alzó su zarpa y la empujó hacia atrás buscando el impulso suficiente para golpearla y hacerla volar cómo si la ovejita fuera atropellada por el parachoques de una Global. Y la zarpa llegó a su fin y cómo un elástico que vuelve a su posición original bajó con la violencia de un rinoceronte al estornudar.

 La ovejita Verita cerró sus negros ojitos cuando vio la zarpa de garras afiladas descender. Estaba más asustada que una monja con retraso menstrual. Escuchó el sonido de mil huesos rotos y sintió que el viento se encaraba con sus orejitas. Notó en su piel unas ligeras gotas que caían. Se preguntó si era la lluvia o trocitos de su cuerpo que volaban en tiritas. El viento cesó y el silencio absorbió al tiempo. Verita abrió los ojos tímidamente y vio la lluvia de hojitas malvas de jacaranda que caían sobre su lanita. El oso Virto, furioso, había destrozado una rama del arbolito con su zarpa. Y allí estaba mirando a los ojos de Verita con las fauces embobadas y su cara lelita. La oveja se perdió en la profundidad de sus ojos azules y llegó al corazón de la bestia mansita. Y se enamoró como una rosa de sus espinas. Y quiso estar siempre junto a él, quiso ser la brujilla qué se pega a la lana, el rocío que acaricia a la hoja en la mañana, el erizo que protege a la castaña.

 Virto vio en los ojos de la oveja la dulzura de una caña de azúcar, el corazón de un alma bendita, el aroma del aloe vera que exhalaba su lanita. Y comprendió qué a su vera quería estar el resto de su vida. Sonrió tímidamente con un gesto que pedía mil disculpas y entre sus garras tomó una hojita de Jacaranda y se la ofreció como fruta prohibida. Correr lo hacía libre y corrió y corrió huyendo de sus pensamientos. Alejándose de la negra oveja sin quitársela de la cabeza, montaña arriba, montaña abajo, de un lado a otro lado, sin rumbo cierto y huyendo de su destino. Pero el destino es traicionero y viviendo del recuerdo regresó al lugar del encuentro y se sentó entre las yerbaluisas a observar la Jacaranda de sus desdichas. Y llegó un aroma de aloe vera traído por el viento y la música del cencerro que viajaba con el tiempo.

 Clink-clonk, clin-clonk, clin-clonk. Se encerró en sí misma. Cencerró para olvidar. Se encerró en su mundo de pastar. Cencerró para hacerse notar. Se encerró en sí misma pero pronto se dejó escapar. Cencerró con alegría buscando a quién quería amar. Y cómo una ola qué regresa una y otra vez a la orilla por la Jacaranda volvió a pasar. Y allí estaba él. El osito amoroso de ojos azules y pelaje dorado.

 Él la miró con sus ojos de océano, ella se sumergió en ellos con sus ojos de ébano. Y se hundió tan profundamente que ya no halló consuelo lejos de ellos. Ella sonrió con sus labios de diamante, él hizo un gesto con su boca de “te como por detrás y por delante”. Ella, muñequita de porcelana, le invitó a que se acercara y se sentara. Él, prototipo de “Geyperman”, dio tres pasos y a su lado se dejó llevar. Y hablaron larga y tendidamente, de amores profanos, de lujuria y pasión. De vivir en su Aldea o en un Puerto Rico cargado de amor. Y él pidió que le dejara seguir corriendo libre por las montañas, y ella le dijo qué estaría en los picos más altos indicándole el camino con su cencerro. Y ella desvió la conversación y disimuló dando un rodeo para no ir directo al grano y hablando de flores, plantas y primavera, le contó qué le encantaba el Otoño por las hojas caídas y porque rimaba con retoño. Y él enmudeció un instante mientras sus ojos estelares se abrían como lunas brillantes. Y cuando asimiló su destino de oso amoroso le habló de crear un jardín y regarlo con lágrimas de ternura y encanto. Y plantaron una sola semilla de Melissa y esperaron a qué brotara para ver el resultado. Y tanto les gustó, que crearon una charca y en ella floreció un Victorio Regio amazónico. Y Virto y Verita se hicieron Compañeros de sus propias dichas y desdichas.

¿Vivieron felices y comieron perdices?

No lo sé, pero cuenta una leyenda de caminantes qué, por los montes de la cumbre y cuando menos te los esperas aparece una oveja negra envuelta en melodías de cencerros y gritos de alegría. Si algún día la ves apártate del camino porque cuando menos te lo esperas aparecerá un oso rubio cargado de sonrisas y persiguiendo una meta de sueños que nunca terminan.

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Evolución II. Drogas y Vicio: Del Paraíso a los Vampiros.

…y la primera droga conocida data
de la época de Adán y Eva. Era una manzana verde qué estaba fermentada y sabía
a sidra El Gaitero. Y qué colocón qué les dio. Tan fuerte fue el subidón que
les entró mucha hambre….y se comieron las hojas de parra…y lo que había detrás
de las hojas de parra…y cuando Eva se dio cuenta tenía algo metido en un
agujero…Y pasó el tiempo

…Iba caminando por los montes de
castilla el joven Caín cuando su alpargata minimalista se posó sobre una boñiga
de buey…y entre maldiciones apestosas contra la mierda que estaba en el suelo
vio un hongo que le salía de dentro…”coño, que buena pinta tiene, esto está
para cumerselo”…y de ahí nació la palabra Cucumelo…y se lo comió…y qué
rico estaba…y alucinó porque descubrió el primer alucinógeno del mundo nuevo…pero
como todas las drogas tienen un pero…despertó resacao y con el capullo
de Abel metido dentro de su agujero…”A bel qué hago contigo hermanito”…y le
pegó con una piedra de Arucas en todo el pomelo…

…las drogas no son buenas, siempre
acaban mal…pero como el vicio es muy puñetero y acecha a la vuelta de la
esquina…

…un día muy lejano, por allá por la
época de Cristo…Al  Pan, un Albino se
encontraba sentado en una parra, llorando y llorando desconsoladamente porque
su novia (una mulatona caribeña) lo había abandonado por un Indio Apache del
Aconcagua que fumaba la pipa de la Paz… Sentado en la parra esperaba horas y
horas, días y días, sin otro quehacer que escachar uvas entre los dedos por
puro aburrimiento…y a las dos semanas un aroma a Möet Chandom lo sacó de su
aturdimiento…el zumo de las uvas que apretaba se le había caído (por
casualidad, qué así es como nacen todas las cosas) dentro de la cantimplora de
Boy Scout…y así, de esta manera tan simple, pensando que aquello fermentado  era un veneno se lo tragó en un intento de
suicidio…Y claro Al Pan, pan y el albino patentó el vino…

…Pero no bastó con eso y las drogas
se convirtieron en vicio y el vicio lo sacaba todo de quicio…Un día del año
cerca del año cero, puede que antes o después del cero…Pepito el carpintero
trabajaba afanosamente en el diseño de una cocina de fácil y rápido montaje
cuando unas motas de serrín lo hicieron estornudar…fue tan grande el estornudo
que le entraron ganas de vomitar…y para no ensuciar (María tenía muy mala Hostia,
por algo era italiana, concretamente del puerto de Ostia) cogió el balde de
cola y devolvió en él…y el olor a pegamento lo embriagó…y esnifó una vez…y otra…y
en un momento de lucidez le dio cuatro martillazos a la cocina y con su acento
de drogata miró una y otra vez su obra de arte… y se dijo a sí mismo y con sus
faltas de ortografía: “I Kea de puta madre”…

…La familia del Pepe y la Mari fue
muy conflictiva…él estaba encoñaísimo y ella tenía la mala leche de un
sargento de la Guardia Civil…y un buen día, o malo, depende del lado en que se
mire, la Mari estaba intentando prender fuego a la cocina para calentar la
leche de burra, pero como la leña no era de novopan tardaba en prender…así que salió
al paterre de su vecina Can Nabis a buscar unos yerbajos pa darle candela…y
se trajo una plantita cuyas hojas tenían forma de estrella…y vaya que si
prendió…y que rico olía La María…y cuando despertó de su larga siesta se acercó
a la cocina…y la leche de burra se había evaporao…y solo quedaba un
ligero polvillo blanco…y lo olió…claro, claro, pa ver a qué olía…y se le
metió por las narices…y llegó al cerebro… y a la uña del dedo gordo del pie…y
más tarde cogió un mortero y mezcló la harina de burra con hierbas de su vecina
Can Nabis…y se lo esnifó…y se sintió una Heroína…Pero como las drogas son malas
su historia no pudo acabar bien…y cuando se quedó embarazada…por obra y gracia
del Espíritu Santo…un tipo flaco, desgarbao y paliducho que tenía un rabo
como un negrucho…perdió los papeles por completo y su mundo se convirtió
en un sin vivir lleno de mentiras…Pepe el carpintero cayó en una profunda
depresión debido a la infidelidad. Entre los vicios de la María y lo puñetero
que le había salido el niño no levantó cabeza jamás…pasaba las horas encerrado
en su taller intentando patentar cajas de madera pa enterrar a los
muertos…

¿Y por qué le llamaron
Jesús?…porque eso fue lo que dijo José…Que no tenía güevos y le faltaba medio
pene (Se los había pillado con la fresadora cuando fabricaba un chocho de
madera), cuando María le dijo que estaba embarazada… ”¿Em…em…bara…za…za…da? Qué…quesus..que
sust…quesusto…me has dao…”

Si, eso es Pepito, me gusta ese nombre
Quesús, pero ¿Y si le ponemos una jota para que no suene como el queso? ”…Jesús…

…Jesús era un golfo y un amanerao…lo
de amanerao era porque tenía un libro de Juan Tamaríz y le gustaba mucho
la magia…No se metió en líos ni nada…pero era un líder nato…no se sabe si fue
por su buen hablar o por su pelo a lo Bob Marley, pero tenía más cuento que un
libro de García Márquez…pero contar la vida de este joven dictador es una
historia muy larga  que va en un texto
aparte… Antes de morir, (él lo sabía)…eso dice él…yo no me lo creo…organizó una
gran cena en la que reunió a sus doce amigos de Móstoles…

Los últimos milagros de la última cena

Allí reunidos, alrededor de la
mesa de Ikea estaban los doce de Móstoles. El ambiente estaba enrarecido porque
eran conscientes de que el Presidente Pilatos, en su lucha contra el terrorismo
sectario estaba cada vez más cerca de desenmascararlos.

(Pablo) Chacho, Jesús. No hemos
traído na pa comer ¿A quién le encargaste el catering?

(Jesús) No te preocupes. Dame mi
sombrero de copa ¿Alguien trajo algo de comer?

(Santiago) Yo Jesús, he traído una
lata de sardinas en escabeche. Pero no será suficiente para todos.

(Mateo a Tomás) Buafff…ya verás
como ahora empieza con sus trucos de magia y nos prepara un papeo pa
chuparse los deos.

(Judas) Ya empezamos con las
tonterías y con el protagonismo.

Jesús  metió la lata de sardinas dentro del sombrero
de copa y escupió dentro. La removió lentamente para que la lata se diluyera y
le diera mucho hierro al pescado. Sacó el Zippo de la pitillera y le dio calor
al sombrero de copa.

(Felipe) Qué rica huele la sopita
de mariscos.

Y Jesús hizo una rica sopa de
pescado, una delicatesen de las que solo se pueden comer en grandes y afamados
restaurantes.  Y para cuando llegó la
hora del segundo plato resultó que nadie había traído nada que sirviera como
tal.

(Simón) Jesús, yo me comí esta
mañana en el Pepe Chiringo un Pepechuga con Alioli… Entre los dientes me queda
un pizco de carne ¿Si crees que puede servir para algo?

(Jesús) Coño, Simón. Y pensar que
en una “Radio Futura” te escribirán una canción que dice “Eres tonto  Simón y no tienes elección”. Toma un palillo y
júrgate ese cacho de carne pa meterlo en el sombrero.

Jesús cogió un peine y peinó
suavemente la grasa de su pelo para utilizarla pa freír los filetes
venideros.

(Judas a Andrés) Esto es de locos
¿Tú crees que yo me voy a comer eso?

(Andrés) Coño, Judas, la sopa te la
comiste.

(Judas) Andrés, repásate el motor,
que se te va a llenar de cal.

(Andres) ¿Quéeeee?

Jesús tiró el peine grasiento
dentro del sombrero de copa y le prendió fuego. Al ratito empezó a llegar el
olorcillo a refrito. De debajo del sombrero sacó trece platos Duralex que fue
llenando con los solomillos que salían de dentro. Y como Mateo tenía
vegetaciones, Jesús le metió el cuchillo en la garganta y sacó unas coles de
bruselas, espinacas, acelgas y perejil para acompañar a la carne.

Judas, qué era muy burletero
preguntó con malicia: ¿Y el vino?

(Jesús) Eso está hecho. Ven acá
Mateo, qué tú tienes pinta de estar muy bueno.

(Mateo) No, más cuchillos no.

(Jesús) Pero Mateo, ¿No has oído el
dicho? Mateo, en tu culo meto el deo.

Jesús le metió el dedo gordo en el
culo, puso los ojos en blanco y…

(Jesús) Hemoglobina bien…leucocitos
bien…colesterol un poco alto…transaminasas estupendas… estas de puta madre Mateo.
Anda échate un pis en el sombrero qué de aquí va a salir un estupendo Mateus
Rosé.

Se sirvió el vino y Jesús propuso
un brindis. Y con las copas en alto y a modo de patriarca los miró a todos y
dijo:

(Jesús) Esta es nuestra última cena
juntos porque yo puedo ver el futuro y en verdad os digo qué: Pedro, tú me
negarás; Judas, tú me traicionarás; Mateo, tú meterás los dedos en mis heridas…

Juan  se levantó cabreado y se dirigió hacia la
puerta de salida.

(Jesús) ¿A dónde vas Juan?

(Juan) A cenar al bar, yo con esta
gentuza no me siento en la mesa.

(Jesús) No te preocupes Juan. Hay
que perdonar y tú podrás hacerlo. A ti, discípulo mío, te tengo mucho estima
porque sé que pierdes la cabeza por mí.

 Juan volvió a la mesa tras el piropo  y comieron copiosamente mientras Jesús contaba
chistes de racistas.

(Jesús) Dos blancos y un negro. Los
blancos le dan un dado al negro y le dicen:

 Negro, tira el dado y si sale del uno al cinco
te damos una paliza de cojones…

Y el negro pregunta: ¿Y si sale el
seis?…

Pues tiras otra vez.

…Y al terminar de cenar se dieron
cuenta de qué tampoco había postre.

(Judas) No te preocupes Chus. Como es la última vez que nos vemos
invito yo.

Y saca una bolsita de coca sin
cortar y empieza a preparar a conciencia y con mucho esmero trece rayas. A los
once de Móstoles y a Jesús se les abren los ojos como tapacubos de guaguas y
empiezan a babear pensando en el tiro que se van a meter por la nariz.

(Judas) Chuuuuuusss, haz los
honores Chus. Te concedemos el privilegio de que seas el primero en jincarte
la raya.

Jesús saca un almanaque de
Magdalena en pelotas y lo enrolla con mucho cuidado. Se inclina lentamente y
con parsimonia sobre la mesa y aspira profundamente. Tan profundamente que la
coca le baja por el “gallilo viejo” y le hace toser brutalmente. Y las doce
rayas de coca que quedaban en la mesa se van a la mierda y desaparecen en una
nube de polvo. Judas se levanta cabreado, mira a los once de Móstoles y grita:

 ¿Es o no es pa matarlo?

…y tanto evolucionaron las drogas y
el vicio que hasta esas leyendas sobre hombres lobo, vampiros, momias y demás
monstruos evolucionaron en su beneficio.

Las momias se amortajaron con
velcro y se pasaban horas y horas en urgencias inyectándose insulina. Los
hombres lobos se transformaban en hombres York Shire, vistiendo lazos de colores
y consumiendo clembuterol y efedrina. Los minotauros abandonaron los laberintos
y se alimentaron de toreros. Los Yetis abandonaron las montañas y bajaron a las
ciudades a chutarse nieve. Y qué decir del Chupacabras, éste hizo un gran
sacrificio y dejó de chupar sangre de los animales. Se dedicó a beber leche de
mujeres embarazadas y se convirtió en el Chupatetas (Algunos tuvieron serias
complicaciones porque eran alérgicos a la lactosa). Frankestein cambió los tornillos
por remaches cromados y en cada farola se metía un chute de energía. El hombre
invisible…el hombre invisible…creo que se perdió buscando su sombra y murió de
depresión porque no se veía. Y qué decir de los vampiros…los vampiros
evolucionaron lo justo, eran seres más racionales e inteligentes, aparte de
ponerse alguna que otra ortodoncia no perdieron el curso de su destino…pero si…también
le pegaban a las drogas y los vicios hasta el punto de convertirse en chorizos…

Vampiros y Chorizos

Tal día como hoy, desde su refugio
en la falda del pico de Osorio, la mafia vampírica controla el tráfico de
drogas, la prostitución y la corrupción de Gran Canaria. Dirigidos por Bentejuí
Güeismuler; un joven vampiro de apenas cuarenta años licenciado en
empresariales Ingeniería Informática y Naval, Medicina, Veterinaria y derecho por
la Uned. Ser despiadado y cruel, de mirada furtiva nariz aguileña, voz
atronadora, de lento caminar, paciente como una arañ,a sanguinario como todo
vampiro de pura raza y de estatura próxima a los dos metros, poco más poco
menos. Descendiente directo de un tal Bentejuí que un lejano día se suicidó
desriscándose en Ansite, y con sangre en sus venas de un cruce más reciente con
un tal Jhonny Weismüller medallista olímpico de natación más conocido por su
interpretación de Tarzán de los monos.

Desde su base de Osorio lleva años
controlando los movimientos de políticos y corruptela común de la isla.
Impulsor de las llegadas de pateras a la isla con la única intención de probar
sangres nuevas. Conspirador en la llegada al poder al ayuntamiento de Las
Palmas del Soria y la Pepa. Discípula esta última de su tercer lugarteniente el
Plácido, ser destructor de conciencias limpias a la vez que instructor del
poder oculto de la escritura.

Todas sus acciones han pasado
desapercibidas para los isleños. Su mundo desconocido permanecía oculto a
mentes racionales hasta que tres de los mejores hombres de su estirpe que, bajo
el influjo de una adulterada marihuana injertada con hinojo decidieron atracar la
fábrica de chorizos de Teror.

―¡Me cago en los dientes de ajo y
en las estacas de riga! ¿A quién coño se le ocurre atracar una fábrica de
chorizos? ¿Y para qué? Serán chorizos ahí no hay nada que robar.

―Serénese señor Güeismuler, no le
conviene alterarse así, es malo para su almorrana.

―¡A la mierda mi almorrana! Quiero
que traigas a esos tres chorizos antes de que salga el sol. Lo has oído
Horacio. Los quiero aquí ya mismo, desaparece y no vuelvas sin ellos y no los
traigas juntos,  quiero saber quién es el
cabecilla de esta chorizada.

Dos horas después de medianoche un
furgón de traslados fúnebres rompía la monotonía de una pista de tierra poco
transitada que conducía a la misteriosa casa de la falda del pico de Osorio.
Tres ataúdes eran depositados sobre la rojiza tierra de la montaña. Allí
permanecieron media hora hasta que uno de ellos fue llevado ante Bentejuí.

―Ábrelo Horacio.

Horacio apretó el mando a distancia
y el cierre centralizado del ataúd resonó en la pequeña y oscura sala. La tapa
se abrió lentamente con un zumbido leve y de dentro del ataúd salió un hombre
de unos veinte años.

―¡Sha rediós! ¡Qué frío hace ahí
fuera! Tengo la naríz congelá como un pivot de fresa.

―¡Cálla! ― Gritó ferozmente
Bentejuí Gueismuler―. Calla y escucha bien lo que voy a decir. Quiero saber que
pasó en esa fábrica y si lo que dices no me convence cuando salga el sol
estarás tumbado ahí fuera hasta que te conviertas en ceniza, así que cuéntame
que pasó.

―Si excelencia a sus pies. Salíamos
de la discoteca El Quinto Pino cuando vimos a un hombre sospechoso en la puerta
de la iglesia. Llevaba una pistola de agua, así que creímos que estaba cargada
con agua bendita. Corrimos tras él y se refugió en la fábrica de chorizos. Ese
hombre era muy bueno con las artes marciales y tras una dura y sangrienta pelea
huyó por la puerta de atrás. Y claro para intentar evitar que por alguna
casualidad relacionaran el altercado con vampiros decidimos simular que el
desorden de la fábrica fue por culpa de un atraco.

―Horacio, enciérralo en el sótano y
trae a otro.

La segunda caja se abrió lentamente
como la primera y de ella salió un muchacho de dieciséis años. Al ver a
Bentejuí  rompió a llorar.

―No llores en mi presencia, nenaza.
Quiero que me cuentes que pasó en la fábrica
y si no me convence lo que dices te mando a coger sol, así que déjate de
lloriqueos y habla.

Tras unos segundos interminables el
muchacho habló con voz temblorosa.

―Salimos de la discoteca El Quinto
Pino con tres pibitas que tenían ganas de fiesta, usted me entiende, pues eran
unas vampiresas de lo más morbosa y querían echar un kiki en la fábrica de
chorizos porque les daba morbo hacerlo rodeado de vísceras y sangre de
animales. Así que nos metimos en la fábrica y nos hicimos una orgía de
película. Luego…

―¿Calla! No sigas. Llévatelo
Horacio y trae al otro.

El tercer ataúd se abrió lentamente
como el primero y el segundo pero no salió nadie. Un ronquido rompió el
silencio de la noche, seguido de otro y otro.

Horacio sacó de la caja y a
bofetones al tercer vampiro que con la mirada perdida dijo:

―Chaaacho,no me pegues que se me
suben los colores y parezco un tomate de la Ardea.

Bentejuí cogió al pequeño vampiro
por el cuello y le dijo pausadamente::

―Cuéntame. Lo que pasó. En la
fábrica de chorizos.

―No – Me toques – Gigantón – ¿Crees
que por ser tan feo como Fernando Romay tienes derecho a tocarme? En mis
dieciséis años nadie se ha atrevido a cogerme por el cuello, así
queeeee…Prepárate a morir.

―¿Sabes quién soy?

―¡No jodas que eres Gasol!

―Tienes agallas, pequeñajo, te diré
quién soy. Soy Bentejuí Gueismuler dueño y señor de todo lo que te rodea. Veo
que te ha cambiado la cara. Quiero que me cuentes que pasó en la fábrica de
chorizos.

―¡La he cagao! Pero que bien cagao.
No me lo diga ¿A que voy a salir a coger sol?

Pues si tengo que morir  moriré con la verdad por delante sin
mariconadas y reconociendo lo que soy. Soy…

… Soy toxicómano, me gustan todas
las drogas el jachís, la coca, la maría y lo que me pongan por delante. Pues
resulta que estaba viendo el otro día en la Televisión Canaria un programa que
se llama Canarias Directo. Pues los tipos estos fueron a la fábrica de chorizos
y pusieron en directo cómo se hacían las morcillas. Se hacen con sangre, seguro
que usted lo sabe, pero a que no sabe que ya no se utiliza sangre líquida. Lo
hacen con sangre en polvo, y por si fuera poco la sangre viene en sacos de
veinticinco kilos. Así que imagínese que colocón nos cogimos, nos esnifamos to
lo que pudimos y no vea como se sube a la cabeza. Del resto no tengo ni puta
idea porque no me acuerdo y me acaba de despertar el capullo ese a cachetones.

A la mañana siguiente y como hacía
todos los días pasó por el camino de Osorio un pastor con su rebaño de ovejas.
Vio en el suelo tres montículos de ceniza, miró a su perro y le dijo:

―Mira Rufus. Otra vez los cabrones
estos haciendo asaderos por la noche. Como los cojan los del Seprona que tienen
prohibido hacer fuegos en verano.

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Padre ladrador, poco…

 

―¡Me cago en San Pedro y en los moros y cristianos! Cómo se te ocurre decirme que mi niña tiene novio…¡De qué vas! No me gustan esas tonterías de novios y mierdas…es una niña y…Claro, claro, claro, por eso llevas todo el día calentándome el rabo…me estabas poniendo mansito para ahora darme el disgusto…¡PUES NO!… No lo tolero y no estoy dispuesto a aguantar estas tonterías…

―Tu niña tiene diecisiete años y ya es mayorcita para tener novios.

―NOVIOS. Lo que me faltaba, que encima vaya por ahí con soltura en las piernas…no me jodas…lo que hay que oir…claro, claro, claro, y tú la apollas.

―Alguien tiene que apollarla.

―Me cago en los peos amarillos y  las muelas de pescao. Encima con recochineo y restregándome las cosas en la cara con lo de A-PO-LLAR-LA. Serás, serás, serás…

―Relájate que te va a dar un jamacuco. Ya es una mujer y tiene que hacer su vida. Acuérdate que tú me metiste mano cuando yo solo tenía catorce años.

―Eran otros tiempos. Antes las mentes eran más puras.

―Es un buen chico, agradable y…

―¡QUÉÉÉÉÉÉE! Es que encima lo conoces, a saber desde cuando se estará gestando esta relación.

―Que fino te quedó lo de gestar, suena a embarazo.

―¡EMBARAZADA! Me cago en las mierdas de perro y en las farolas meás. No me digas que está embarazada…no me lo digas…no…no que esto es un sinvivir.

―Quizás deberías conocerlo y darle una oportunidad. Te caerá muy bien, es un chico sencillo y agradable.

―Oportunidades  hay en la planta sexta “del Corte Inglés”. Y caerme me caerá como una lápida sobre mi tumba. Cómo me puede hacer esto mi niña a mi…a mi…qué le he dado mi corazón…la niñita de mis ojos…

―No llores que ya está ahí. Mira, están aparcando.

―¡QUÉÉÉÉÉÉE!…qué están aquí…esto es una encerrona, una emboscada, un contraataque de las tropas enemigas…Túuuu…estas con ellos…túuu…treinta años de mi vida rindiéndote pleitesía y ahora me traicionas así…Judas…qué…qué…qué…¿Qué están aparcando?…

―¿No te había dicho que es un año mayor que ella? Ya verás es majísimo. Su padre es el dueño de la tienda de “Todo a un Eulo” y…

―¡QUÉÉÉÉÉÉE! ¡Un Toyota de mierda! Lo que me faltaba, un maldito espaghetti saliendo con mi hija…

―Toyota es Japonesa y los espaguetti son los italianos…Anda, no seas racista y serénate que vienen hacia acá.

―No, no… no estoy preparado…qué viene el jamacuco, qué viene…

―No te preocupes, le dije a la niña que esperara fuera a la señal.

―¿Qué señal?

―Pues cómo dábamos por echo que te ibas a poner histérico convinimos en que saldría yo a la puerta a recibirlos. Así qué ella estará ganando tiempo fuera del coche para poder entrar en casa.

―Me cago en las muelas del juicio y los rollitos de primavera. Voy a subir a la azotea y le voy a meter un tiro a ese desgraciao amarillo.

―Pero si tú no tienes escopeta.

―Pues entonces me suicido. Si. ME SU-I-CI-DO.

―Hay…esa breva no me cae…

―¡QUÉÉÉÉÉÉE! No me crees capaz…pues ahora verás…voy a subir y…y…y ¿porqué coño me tengo que suicidar? Voy a subir a la azotea y lo voy a lapidar como al Lázaro.

―Lázaro fue el que resucitó.

―El que resucitó fue el Jesucristo, y se merecía que lo hubieran enclavao, por judío. Si Hitler viviera, qué pena que no pudo cumplir su misión. Hijo puta, si hubiera acabado con los chinos, judíos, negros, gitanos y to la mierda esta yo no tendría estos problemas ahora. Chapucero, tenía que haber aprendido de Franco. Ese si que era un señor.

―Vale ya. Déjate de peroratas que los voy a recibir.

―¿Peroratas? Cómo una rata me siento yo en este país de mierda, entran en pateras, cruzan fronteras como perros apaleaos y los muy hijos de  puta viven aquí cómo reyes.

…♪♫Los voy a recibir, los voy a recibir♫♪…ni que fueran jefes de estado…cabrones…qué nos robaron el mundial de Corea…me cago en los sobacos de Camacho…Camacho, si señor, un hombre como ese es lo que necesitamos pa que los ponga firmes a todos.

―♪♫ Estoy abriendo la puerta. ♫♪

―♪♫ Pues la has cagao. ♫♪ Le voy a enseñar a ese Wan Too frito quién manda en esta casa y como funcionan las cosas aquí.

―Hiiija ¿Cómo está esa parejita? Aquí estaba hablando con tu padre  y no veas lo contento que se ha puesto porque ya eres toda una mujer.

―¡CONTENTO! ¿Yooooo? Mira, pato a la naranja, la pena es que los putos americanos no supieran guerrear en Vietnam y acabaran con todos ustedes y la salsa agridulce. Las cosas tenían que haberse hecho como en la batalla de Waterloo, al general Caster tenían que haber mandado para aniquilar  a todos los putos chinos de mierda. PUS, que soys amarillos como la pus. Malditos bastardos, seguro que cruzaste la frontera en un contenedor lleno de pilas alcalinas y ahora te plantas en mi casa para robarme a mi niña. Si Don Quijote levantara la cabeza…

―!Papá! Qué manera de hablar es esa, mira cómo se ha quedado Wachiflú…¿Wachi?, ¿Wachi, qué te pasa? No le hagas caso a mi padre.

―Do…Do…doo…me …,me

―Encima es músico el chino mierda. Mariposón, seguro qué eres un amanerao. Habría que cogerlos a todos y meterlos en una jaula llena de monos en celo.

―Wachi, cariño, reacciona que estas asirocao…respira…expira…coge resuello ¿Por qué me miras así?

―Do…do…do me habías dicho qué tu padle ela un Neglo de mielda.

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No me olvides

Lo recuerdo como si estuviera pasando en este mismo momento. Cierro los ojos y siento la noche húmeda y fría de Barreto. Allí, en el tanatorio de techo inalcanzable, de gélidas paredes de nieve y suelo resbaladizo como el rocío de la mañana. Allí, con tan solo ocho años supe lo que era el miedo a lo desconocido.

Una hora antes de cruzar las paredes de lo que antaño era un almacén de plátanos, ahora convertido en velorio de muertos, con la única semejanza entre los dos de almacenar cosas inertes y tiesas, sí, he dicho cosas, vivo eres persona, muerto no eres más que un ser inerte que ya no tiene nada que ofrecer a un vivo, salvo la herencia o las deudas.

Como iba diciendo, una hora antes de asistir al duelo de mi tío Daniel mi madre me despertó suavemente, con caricias y susurros. Tenía los ojos anegados de lágrimas y una mirada triste y perdida. Mi padre observaba bajo el bastidor de la puerta, con la cabeza apoyada en la áspera madera.

— Cariño. No queríamos despertarte pero …

— ¡ Jo, mamá! ¿Por qué me despiertas?, estaba soñando con el tío Daniel, me iba a llevar a dar una vuelta en moto.

No terminé de decir moto y un sonido de ronquidos, ladridos y demás sonidos guturales brotaron de la garganta de mi padre. Cuando miré a la puerta él no estaba allí. Mi madre me obsequió con una sonrisa triste, amarga y alegre a la vez, luego dijo seriamente:

— Tú tío Daniel tuvo un accidente de moto esta tarde, lo llevaron al hospital muy malito y no se pudo recuperar. ¿Tú sabes lo que es morir verdad?

— Si mamá, no volver a ver a esa persona en la vida.

— Bien, papá y yo debemos ir al duelo y no tenemos con quién dejarte esta noche, por eso te vamos a llevar con nosotros y cuando estemos allí dormirás en el coche, ¿vale?

— Vale mamá, pero me dejarás verlo para decirle adiós.

Eran las once de la noche cuando crucé la plazoleta del tanatorio bajo la atenta mirada de cientos de ojos penosos, caras y cuerpos que se abalanzaban sobre mi padre buscando su mano como un preciado trofeo, rostros extraños que me besuqueaban, manos que me despeinaban y brazos que me estrujaban. Al fondo de la sala y tras una cristalera estaba aquel mueble de la madera más bonita y brillante que había visto en mi corta vida. Mi padre se dirigió a la pared de cristal, abrió la puerta de aluminio blanco y entró. Miró dentro de la caja, sonrió y una lágrima corrió por su mejilla. No recuerdo como llegué a su lado, le cogí de la mano y susurré que quería verlo y darle un beso. Mi padre me cogió en brazos, me acercó y lo besé en la frente. Frío como los pies de mi madre, eso fue lo que pensé. Salimos de aquella nevera, cruzamos la sala abarrotada de gente y cuando estábamos en la puerta miré hacia mi tío para decirle adiós por última vez. Junto al ataúd estaba mi tía Adela y un señor que conocía de algo pero no me acordaba de qué. Vestía un traje negro, camisa negra y guantes negros que cubrían sus dedos entrelazados a la altura de la cintura. La voz de mi tío sonó desde el ataúd, inmediatamente supe que aquel diálogo que estaba oyendo era algo tan irreal como el horizonte y, que a tía Adela y al extraño hombre solo los veía y oía yo. 

—No me olvides Adela.

— Lo intento Daniel.

— ¿Por qué lo intentas?

— Porque no puedo vivir sin ti.

— Entonces no me olvides y sé feliz.

— No puedo ser feliz si tú estas ahí, no me gusta verte tumbado en ese ataúd, con tu traje de boda, tu cara encerada y tu sonrisa amarga.

— Gracias por los piropos. Tú en cambio estas radiante, con el traje negro que te regalé por tu cumpleaños, como siempre bien peinada, maquillada y con tu perfume favorito.

— No te enfades tanto. ¿Es que no lo entiendes?, mi vida no tiene sentido sin ti.

—Mira hacia delante Adela, eres joven y guapa. Tienes toda una vida por vivir

 — Sí, pero sin ti.

— ¿Quién es ese que está junto a ti?

— ¿No lo sabes Daniel?, es tu entierro, lo habrás invitado tú.

— No te conozco, ¿verdad? Aunque tu cara me suena.

— ¿Qué más da quién sea yo?

— A mi me interesa, estas al lado de mi mujer y me cabrea.

— ¿No te enfades amor? Vete de este mundo con alegría.

— ¿Dime quién eres?

— Solo soy una ilusión que vive en tu interior, un sueño roto por el frío de la noche, la sombra que ves en la oscuridad, el murmullo del silencio, el sabor de la nada …

— ¿Eres Dios?

— No, amor, es la muerte.

— La muerte. ¿Has venido a buscarme?

El pánico se adueño de mi cuerpo, no me atreví a moverme de donde estaba por miedo a que aquel ser supiera que yo estaba allí presenciando aquella conversación tan privada. La muerte miró al ataúd con su mirada vacía, y habló sin mover los labios:

— Si, me lo pidió Adela. La encontré en la cama, con la mirada perdida, una gran sonrisa en los labios y un bote de barbitúricos en la mano. Llévame con mi vida, dijo, y aquí está, junto a ti.

Adela tendió la mano al ataúd y dijo.

— Dame la mano amor, y emprendamos juntos el camino de nunca volver, que nos queda mucho por vivir.

Pude observar como Daniel cogía la mano de Adela y salía del ataúd. Juntos caminaron hacia la pared y desaparecieron a través de ella. Me invadió una gran alegría y un reconfortante sosiego al verlos marchar. Cerré los ojos incrédulo y confundido, al abrirlos la muerte seguía allí. Armándome de valor, coraje y mucho miedo caminé hacia el ataúd, pasé junto a la muerte ignorándola, miré dentro y el cuerpo de mi tío seguía allí. Giré lentamente, miré cara a cara a la muerte y dije:

— No es la primera vez que te veo, te he visto muchas veces, en muchos lugares y de muchas formas. Ha llegado la hora de irme ¿verdad?, por algo sigues aquí, para llevarme al mundo del nunca volver.

— Te equivocas niño descarado, consulto mi agenda, cada día tengo más trabajo y tengo que organizarme. Como la humanidad siga tratando así al mundo me temo que dentro de cien años solo quedaremos en este planeta los animales y yo. Ya nos veremos otra vez y tú lo sabes.

La muerte se fue caminando lentamente por la fría sala del tanatorio, salió a la calle, se dirigió a un taxi que acababa de dejar a varias personas allí y entró traspasando la puerta trasera del coche al igual que lo hicieron mis tíos con la pared. Pobre taxista, no sabía que ese sería el último viaje de su vida.

9/02/2006 19.30h

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Mensaje para Arancha

 

Mí querida amiga Arancha:

 

Esta mañana entré en la mejor librería que hay por la zona sur. Es una librería llena de libros, si, ya sé que te puede costar entender esto; pero es que cuando entro se me saltan los ojos e intento devorar todas las paredes. La librería tiene un gran ventanal que da hacia una calle muy transitada y allí ponen las novedades y, por si fuera poco, cuando te plantas en la puerta ves una estantería de tres metro, escalonada, en la que están todas las novedades y libros más vendidos, y que por si fuera poco puedes manosear, pasar las páginas, leer un poco y oler los libros…si ya sé que parece que estoy enfermo…no lo puedo evitar…ya coñooooo, ya me perdí…da igual, voy a resumir porque si esto lo lee mi psiquiatra me interna otra vez en “la casa de los iluminaos”…pues resulta…Tacham, tacham…por si no te has dado cuenta eso es un redoble de tambor…es que todavía no he aprendido a escribir los sonidos…de verdad que no…la gente dice que la vaca hace “mu“, y yo, que si he oído una vaca, y la he tocao, de verdad, que existen y no son tan difíciles de ver como los canguros…vaya, otra vez me estoy enrollando, pues nada directo al grano, como irían las vacas…eso no era un chiste, me ha salio sin querer…lo dicho, directo a lo que iba a contarte al principio…¿Te importa esperar? es que primero quiero contarte lo de la vaca…pues como iba diciendo la vaca dice “mu”…ya, ya sé que la gente corriente me puede corregir e insinuar “la vaca no dice, porque no habla, la vaca hace “mu“…pero por mis santos cojones…vaya, cojones tiene lo que acabo de decir, yo que soy más ateo que el “dimonio”, si,  “dimonio“, así lo dicen las viejas de ese pueblo fantasma en el que vives. Pues , a ver si consigo terminar porque como siga a este paso las vacas empiezan ha hablar. En mi humilde opinión y según mi finísimo oído las vacas no dicen “mu”, las vacas dicen “Mhuuu”, si, con hache intercalada…joé, que fuerte, me acabo de dar cuenta que hache se escribe con hache, que puta es la hache, podrías escribir hache sin hache, porque cuando lo oyes en realidad no pronuncias la hache, por lo que según mi teoría a lo Carl Jung, la hache al pronunciarla también se esconde cuando se escribe, lo qué por otra parte crea el tremendo dilema de que la hache no es “muda” como dicen por ahí. Nooooo. La hache es invisible. Sih, hes hun hecho hinnegable he hirrefutable. No sé que significa irrefutable pero suena tan feo como “puta”, o no.

Ahora que lo pienso “puta” no suena tan mal, no, no es que no suene mal, es que en realidad te da un cierto estilo a la hora de pronunciarla, si, si, prueba a decirla despacio y suavemente. Si dices “puta”, con hache intercalada (lo de intercalada lo analizo en otro momento) verás que es una palabra con mucho glamour, si, lo es, dilo y verás como te resaltan los morros…Phuta…nada, paso palabra porque al final no te estoy contando lo que quería contar…curioso, “contando lo que quería contar” y no estoy hablando de números…Pasopalabra…Pues como te intentaba decir al principio de este testamento, te pido disculpas porque me rondan por la cabeza un par de hormonas puñeteras y me distraen…vaya, la cabeza de abajo también anda un poco despistada…tendré que amaestrar a mis neuronas para que no piensen todas a la vez.

 

Pues eso, lo dicho, lo que estábamos hablando antes de que yo me interrumpiera a mi mismo…ponte en mi situación y volvamos al principio…yo, allí, bajo “el umbral de la puerta” (es el título de una colección de relatos cortos de Stephen King, coño, ahora que lo pienso, tanta imaginación y le pone ese nombre de título, no lo entiendo, en ningún relato se habla de puertas ni umbrales, le podría haber puesto algo más comercial, del estilo de “Detrás de las pestañas” es más fashion y además más evidente y directo, detrás de las pestañas está el cerebro que tiene esa imaginación.)…Shaaa rediós, otra vez me han traicionado las neuronas, tendré que recurrir al yoga, discúlpame un momento…Jommm…jommm…jommmm…evidentemente no he escrito Hommm, como se suele escribir por ahí cuando haces Yoga, de qué me sirve escribir Hommm si en realidad digo Jommm, evidentemente es un ejemplo claro de la inutilidad de la puta hache, si, puta hache, no me deja escribir en paz…jommmmm….jommm…. jom… Ejem... es que me aclaro la garganta, no suena así, pero tampoco quiero discutir conmigo mismo. Cof ,cof, cof…es lo que ponen en los comics cuando alguien tose, manda güevos, todos tosemos como perros y en las viñetas te lo ponen de esa manera tan fisna…

 

Querida Arancha, hablar contigo es arto complicado. Je, mira ahí atrás tienes otro ejemplo de palabras complicadas: Arto. En mi diccionario neuronal diríase algo así como: Arto. Dícese del que es largo de cojones. Dícese del Guardia Civil que te dice “arto ahí“. Dícese del que dice “estoy jarto como un cochino”…ehhhh, se me ha saltao otra palabra putañera,  jarto, en realidad esta jota diríase que es como una hache intercalada o al menos la sustituye, en el castellano fisno “Harto” equivale al canariensis natural “Jarto”…vaya hombre tanto hablar de jarteras me dio hambre, ahora vuelvo que voy a picar algo = castellano medio fisno, en canariensis natural sería “voy a jalar algo”…y después de jalar viene el voy a cagar, que en castellano vulgar equivaldría a “voy a dar de vientre”…y no me jodas porque decir vientre es más vulgar que decir puta.

 

¿Arancha?…sigues ahí…yo creo que si, tú siempre me escuchas.

 

¿Dónde me había quedado? Da igual, te estaba contando que me estaba embriagando de libros, es una metáfora, con embriagar quiero decir a emborracharse con alcol (no me da la gana poner la H), también te puedes embriagar con gasolina, o con pegamentos, lo de pegamentos es un poco erróneo porque eso más bien se esnifa. Otra palabra traicionera, esnifar viene de los comics y tebeos, borraré lo de tebeos porque hay una neurona que quiere ir por ese camino. En los bocadillos de los comics (no me hagan explicar lo que es un bocadillo) cuando alguien llora ponen la palabra “snif” para hacer ver que el personaje en cuestión está llorando, en realidad lo que está haciendo es sorber los mocos, porque llorar es “Buaa”, “snif” es llorar fisnamente y “buaa” es “coger una perreta”…perreta... palabra procedente del canariensis natural. Pues eso, de “snif=sorber mocos” viene la palabra esnifar, en realidad en el canariensis vulgar sorber mocos equivale a “jalar pa dentro”, sean los mocos, las rayas o el pegamento. ¿Has esnifado alguna vez pegamento? de lejos es…que rico huele, cuando jalas se te mete un clavo por la nariz y después jalas pa dentro otra vez como poseso, solo por curiosidad… y cuando te das cuenta ves marcianitos de colores y se te ponen los ojos chiquititos…

 

Ya sabía yo que algo me estaba alterando las neuronas…Confundí el tubo de pegamento escolar Imedio con el tubo de protector para los labios “zotaos”, no pienso explicar lo de “zotaos”, diríjase al canariensis y busque por la zeta.

 

Pegamento cerrado. Como te iba diciendo, querida Arancha, que bien me quedó eso. Pues como te iba diciendo me embriagué de libros y como un “canario” que salta de rama en rama buscando “bichillos”…eh, ahí lo he clavao, esto se llama alusión a algo en concreto, da igual, por lo menos yo lo entiendo…como un “canario” que salta de rama en rama buscando “BICHILLOS” me posé en una rama de autores canarios, y allí estaba, escondido tras un libro de hierbas medicinales un libro azul con fuegos artificiales de fondo, un caserón rojo y un hombre llamado Miserio a lomos de una burra. Acaricié suavemente la portada de “Leyendas apócrifas de San Tamarenzo” y me acordé de la casa de los picos, Cornado, Oropendio y un sinfín de personajes encerrados en el libro que no son más que, cómo dice el autor, “la recreación de lugares, fechas y costumbres que lo trasladan a un pequeño trozo de su infancia”. Abrí la portada y al pasar a la primera página sonreí, bajo el título del libro no estaban garabateadas las palabras en tinta azul que el autor me dedicaba con un cordial saludo.

Miré la solapa de la contraportada, y allí encontré las portadas de “El hechizo de la mosca Tse-tse”, “El duende y la sonrisa” y “La orden del papiro de ámbar”, portadas ilustradas por una ilustradora de cuyo “nombre no consigo acordarme” y que creó también, si mi memoria no me falla “Encuentro con lo irracional” de un “rellenador de palabras” y cuyo nombre no diré. No es que no me acuerde, es que si invocas su nombre tres veces ante un espejo con dos velas negras encendidas se te aparece al lado y te “vacía el tarro” con cuentos de“yo que sé“.

Ahora si que me he quedado descolocao, he escrito cuyo, que palabra más rara, nunca me había parado ha mirarla, es tan, tan… tan subversiva, y tan diferente como la palabra subversiva…Cuyo…es tan simple como decir Chocho…CHOCHO…que bien suena, si la pronunciara Sigmun freüd seguro que tendría un orgasmo, pobrecito, en todas partes veía penes, teta, culo, chocho, estaba más salido que una lesbiana ciega en una pescadería…ufff, eso suena muy machista y xenófobo, y yo no lo soy, te lo juro por mi carné de identidad…pa que no que de tan mal, lo borro y pongo que estaba más salido que un cura en el patio del colegio.

 

Coño, otra vez me he salido del contexto. Cómo te iba diciendo…cerré el libro y miré alrededor por si alguien me estaba observando. Me sentí como en aquellos años de mi pubertad, otra palabra que suena a taco. PUBERTAD. La cambio por me sentí como aquellos años de “barros y pajas” en los que iba a pringar cosas al Corte Inglés. Me deslicé pegado a las estantería, con mi tesoro en una mano, disimuladamente, como quién no piensa hacer nada malo, avancé a hurtadillas entre los libros, protegiéndome de las miradas maliciosas del enemigo hasta llegar a mi objetivo, y llegué, estaba a tres metros de la puerta de salida, leyendo títulos de libros sin leer, solo me faltaba silbar y ponerme gafas oscuras y una gabardina para que nadie se diera cuenta que estaba allí. Y he ahí (dos haches en tres palabras, espera que me voy a superar)…Hy He Hahí que estaba el último Apache, a un paso de llegar al objetivo y cruzar el umbral con la frente bien alta. Dejé de mirar a los libros, miré a la salida, miré a las dependientas, la salida, las dependientas, la salida…hijoputa quítate de la puerta… las dependientas…que-te-quites…las dependientas…la salida está libre…las dependientas…y llegó el milagro, el mismo hijoputa que me taponaba la salida se puso ha hablar con las dependientas… respiré, saqué el valor del Corte inglés y me lancé directo al objetivo…el hijoputa que me cubría…la salida…las dependientas…la salida…allá voy…con sangre fría y valor…avancé con paso firme a la salida, miré por última vez a la gran estantería de novedades editoriales y con todo el disimulo del mundo puse a Miserio Pulido y su burra donde debían estar…la salida…estoy en la acera…cruzo la carretera y vuelvo la vista atrás…sonrío… a doce metros de la entrada a la librería se distinguía los fuegos artificiales de San Tamarenzo.

 

Se qué he obrado mal, pero compréndame usted, no lo he podido evitar…es mi carácter.

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La despedida

La despedida

Dormía en el salón de su casa cuando el sonido de la televisión lo despertó. Abrió los ojos sobresaltado y miró alrededor confuso. Sus ojos se movían rápidamente tratando de localizar un punto en el infinito o alguna señal que le indicara donde estaba. Tenía la mirada vacía esta se detuvo en la televisión encendida.

…mueren dos soldados americanos en un nuevo atentado de la milicia iraquí. Según fuentes del pentágono la…

Muerte, todo es muerte. Qué coño hacían ahí, pues no haber ido, que se jodan.

…trece muertos por el descarrilamiento de un tren en Guayaqil…

Joder. Todo es tragedia, la vida es una tragedia. No hay noticias positivas…encontrado un trébol de quince hojas…o nace un lenguado sin espinas…que puntazo sería eso. Hacerte un bocata de lenguado. ¿Qué hora es? Las cuatro y media ¿Qué hago aquí? ¿Quién soy?…acabo de nacer….estoy aquí porque ayer estab…Hoy es mi nacimiento…¿Y ayer?…Acabo de nacer y el ayer no existe…Soy Saúl…no, no lo soy, Saúl murió con el ayer…y el ayer se fue.

Soy Nadie, Don nadie, o simplemente nadie y este es el año cero de mi vida. El ayer es ahora. Hoy empieza una nueva vida, no sé qué pasó ayer y tampoco sé que pasó  en cualquiera de los años de antes de ayer.

Soy Nadie tengo esta casa, tengo un gato, un perro, un viejo Mercedes y un buen trabajo. Y aparte de eso ¿Qué más tengo?…Pues tengo hambre,…y una nevera, y un despensa llena…

…El tiempo en el día de hoy será soleado…

A la mierda con el tiempo y a la mierda con la televisión.

Se levantó del sillón, recorrió con la mirada la habitación y se dirigió hacia la
mini cadena. La enciende mientras ojea la estantería de cd´s.

Iron Maiden, Judas Priest, Chayanne ¿Este quién es? Manu Chao, Maná, Manowar Sabina, Sergio Dalma ¿y tú quién coño eres?  Manu
Chao: Clandestino…La despedida.

La voz triste de Manu Chao mata el silencio del salón.

Ya estoy curado, anestesiado

Ya me he olvidado de ti

Hoy me despido de tu ausencia, ya estoy en paz

Ya no te espero, ya no te llamo, ya no me engaño

Hoy te he borrado de mi paciencia, hoy fui capaz

Desde aquel día,  en que te
fuiste

Yo no sabía, que hacer de ti

Se dirige a la nevera y la abre, la luminosidad lo envuelve y su rostro adquiere un matiz cadavérico. Don Nadie lleva treinta años a sus espaldas, con su uno setenta, media melena y el cuerpo definido por el gimnasio recuerda a un anuncio de perfumes para hombres.

Permanece de pie con la vista perdida en el fondo de la nevera hasta que Chao entona las últimas palabras de la canción.

Te espero siempre mi amor

Cada minuto que yo viva

Te espero siempre mi amor

No me olvido y te quiero

Te espero siempre mi amor

Sé que un día volverás

Mira al aparato de música cuando termina la canción, le da un puñetazo a la nevera se dirige a la habitación y abre el ropero para buscar algo que ponerse y
entonces se da cuenta que está vestido desde ayer.

Me gusta lo que llevo puesto. Por eso lo llevo puesto. Así que como me gusta lo
que llevo puesto me lo dejaré puesto.

Tengo que ponerle algo de comer al gato. Lleva una eternidad sin comer.

Abandona la casa por la puerta trasera y accede al terreno. Al pisar la tierra advierte que esa parte de la casa no sigue siendo la misma de ayer. Ni el perro ni el gato salen alegremente a su encuentro. Se dirige hacia la caseta del perro y allí encuentra a los dos animales, en un rincón, acurrucados uno junto al otro. El perro levanta la cabeza y lo mira con ojos tristes y el gato suelte un débil maullido.

Olviden el ayer y vivan el presente.

A las cinco y cuarto de la tarde un viejo mercedes circula por las gastadas y
estrechas calles de Santa Cruz de La Palma. Aparca por El Puente y de él baja
Nadie. Se dirige al Tajurgo, un restaurante de menús a la carta y se sienta en
una mesa situada junto a un ventanal. El camarero un hombre alto, con bigote de pistolero y cara de pocos amigos se acerca.

―Buenas tardes.

―Para quién las tenga.

―Pues para quién las tenga. ¿Para beber?

―Una light y un 16

―Cola y 16―repite el camarero con una sonrisa falsa y añade con ironía ―. Un 16, o sea, el caballero quiere un arroz a la cubana.

―Me la coges con ganas.

―Perdón ¿Qué ha dicho?

―Un nicho no, una tumba.

―Perdón, pero me está faltando el respeto.

―¿Qué quieres jugar al teto?

El camarero se pone furioso y grita:

―Como me vuelva a faltar el respeto le, le…

Mira fijamente a Nadie, pero ve algo en sus ojos que no le gusta, da la vuelta y se
dirige a la cocina. Al rato vuelve con una Cola Light de botella y un vaso. Lo
deja en la mesa y se va.

Nadie vierte el líquido de la botella en el vaso y clava sus ojos en él.

¿Cómo está el vaso, medio lleno o medio vacío? Buena pregunta. Ayer hubiera
contestado medio vacío, pero hoy soy otra persona…el vaso está mediado, ni
lleno, ni vacío, ni medio lleno, ni medio vacío. Está mediado. Mitad lleno y
mitad vacío. Mitad vacío y mitad lleno…MITAD…que palabra más rara.

―Su cubana―.Dice el camarero tirando el plato con desprecio sobre la mesa.

―Me la coges con ganas.

La cara del camarero se vuelve agresiva, mira a Nadie con ira y luego sonríe y
gira dispuesto a irse. En el breve espacio de tiempo que tarda en sonreír y
girar Nadie piensa que el camarero escupió o hizo alguna guarrada en el plato.

―¡Eh! Perdone, camarero. ¿Qué bicho es este que se está escondiendo bajo el plátano?

―¿Cómo dice? ―Contesta, a la vez que piensa que él solo escupió pero no puso ningún bicho. Se acerca a la mesa confuso y pregunta con voz avergonzada.

―¿De qué bicho habla?

―Aquí, agáchese y levante el plátano.

―Aquí no hay bicho, caballero.

―¿Cómo que no? Agáchese y mire ¡Mire!

Cuando el camarero flexionó el cuerpo para mirar sintió que el peso de una mano le cogía por la nuca y empujaba con violencia su cabeza contra el plato, rompiéndole la nariz y haciendo una brecha en la frente con el borde de la vajilla.

La escena duró un escaso segundo. El camarero miró por última vez a Nadie que
permanecía sentado, mirándole a los ojos con actitud serena. Cerró los ojos y
cayó al suelo golpeándose en la cabeza.

No sé qué pareces con esa cara manchada de huevo (un camarero está saltando la barra) y salsa de tomate. Con el arroz, la yema y el tomate (viene rápidamente hacia aquí) pareces un monstruo de alguna (lleva una botella en la mano) película de terror barata.

El camarero que estaba detrás de la barra  cogió  una botella de Cardhu, lo
pensó mejor y dejó la botella y cogió otra de vino. Saltó la barra y corrió hacia la mesa con la botella en alto. Nadie permanecía impasible. Cuando el otro camarero se encontraba ya a medio metro bajando con violencia la botella
hacia su cabeza Nadie se levantó de un salto cogiendo al camarero por la axila
y con un golpe de hombro lo hizo volar sobre su cabeza, estrellándolo contra la
cristalera y haciéndolo volar hasta la calle mientras pensaba en esa fracción
de segundo en la que se detiene el tiempo:

Espero no romper la cristalera…ni la botella de vino…¿Caeré mal al suelo?

Con un tremendo espaldarazo rompía la cristalera y caía hacia la calle.

…No me ha dolido ¿Me cortaré con los cristales?¿Dolerá el golpe contra la acera? ¿Caeré en el asfalto?…y si me golpeo contra el bordillo y me mato…Qué
vergüenza, la gente me mirará y se reirá.

El hombro fue lo primero que tocó el asfalto, un fuerte dolor le recorrió el cuerpo
bajando por las costillas y llegando a la punta de los dedos. Quedó tumbado con
los ojos mirando al cielo.

…esas palomas son mensajeras, al menos una tiene las alas pintadas de verde
fluorescente…Me quema el hombro, seguro que está roto…seguro que ahora sale ese tipo y me patea hasta dejarme sin sentido.

Se equivocaba, Nadie apuró el vaso mediado de Cola de un trago, salió del bar,
eructó y se fue caminando tranquilamente hacia la calle Real.

La Policía Nacional llegó, vio y comunicó una orden de captura sobre un hombre de dos metros, moreno, pelo largo complexión fuerte y peligroso como  una pistola en manos de un niño.

Mientras tanto entre la multitud de la calle Real paseaba Nadie. Paró a mirar un
escaparate de indios, en el que el único aparato que había no electrónico era
un cortaúñas. Estuvo cerca de diez minutos con la mirada perdida en el escaparate, hasta que un olor a sahumerio y una voz fría y de hombre lo sacó
del trance.

―¿Puedo ayudarle en algo? Un móvil, un reloj, unas gaf…

―Me busco a mi mismo―.Dijo Nadie y girando lentamente la cabeza hacia el indio añadió―¿Puede ayudarme?

―No entiendo que me dice señor.

―Pues entonces quítese de mi vista.

El dependiente indio quiso añadir algo más, pero la mirada vacía de Nadie le
persuadió de ello y le invitó a entrar otra vez en su comercio.

Nadie siguió paseando y mirando escaparates sin ver escaparates. Iba sumido en un trance profundo y por su cabeza pasaban muchos pensamientos sin sentido.

La muerte ¿Qué es? Un vacío que queda cuando te vas. Eso pensará la gente pero, ¿qué es la muerte para uno mismo? ¿Será como dormir? Oscuridad y silencio, o puede que sea un sueño eterno en el que el tiempo es un concepto irreal. Aunque si lo piensas un poco el tiempo es irreal, no lo ves, ni lo tocas, ni lo sientes. Solo pasa. Y no lo ves pasar, ni lo sientes. Ahora es ¡Ya! Pero ese
¡Ya! Ya pasó ¿dónde está ese ya? Atrás quedó, en el tiempo. A veces pasa rápido y a veces pasa muy lento ¿Por qué? Cuantas veces me he despertado por la noche, miro el reloj y son las dos, sigo durmiendo y al despertarme pensando que ha transcurrido mucho tiempo solo son las dos y cuarenta y cinco, y vuelvo a despertar una hora más tarde y sé que cuando amanezca el día seguirá siendo igual de lento ¿Porqué? ¿Dependerá de los movimientos de rotación y traslación de la tierra? ¿Qué es la tierra?…redonda, ja. Mira al horizonte y dime donde ves que es redonda. Y la luna, el Sol, los planetas…flotando en el espacio…¿Y qué es el espacio?…vacío…¿Flotamos en el vacío? Con lo que tiene que pesar la tierra. Seguro que flota tanto como el Roque Nublo en el mar…joder…el mundo es irracional.

Poco a poco un llanto de niña fue subiendo de tono en su cabeza hasta ocupar sus pensamientos. Despertó del ensimismamiento y vio a una niña rubia de unos seis años.

―Hola ¿Te has perdido?

―Siiii…mi madre ¿Dónde está mi mami?

―Ven, dame la mano y te ayudo a buscarla.

La niña no se movió y siguió llorando. Nadie se agachó hasta estar a su altura.

―Venga, no llores más que vamos a encontrar a tu madre ¿Cómo te llamas?

―Daimary ¿Me ayudaras a buscarla?

―Claro, Daimary, vamos―Nadie se levantó con la niña cogida de la mano pero ella tiró hacia abajo e hizo que se pusiera otra vez a su altura.

―¿Por qué estas triste?

―Yoooo. Yo no estoy triste.

―Si estas triste ¿También te perdiste?

―No, no me he perdido. Anda, vamos a buscar a tu madre.

―Te dejó tu novia ¿Verdad? Seguro que te dejó tu novia porque cuando a mi hermano lo dejó la novia se puso triste y lloró mucho. Tenía los…

―Eh, eh, eh. Para, niña. Vamos a buscar a tu madre ¿Vale?

―Vale ¿Por qué te dejó?

Nadie la intentó fulminar con la mirada pero ella replicó:

―Dímelo, porfi ¿Por qué te dejó?

―No me dejó ¡Vale! Se fue…se fue y se acabaron las preguntas.

―¿Cómo te llamas?

―Vamos a bus…

―¿Cómo te llamas?

―…Saúl.

―La querías mucho, verdad Saúl.

―Niña ¿tu madre se perdió o te abandonó?

Daimary miró a Saúl frunciendo las cejas, con esa mirada que tienen los niños de “ahora te vas a enterar” y lloró de forma escandalosa. La gente que estaba
alrededor miraba a ver de dónde provenía ese llanto irritante.

―Daimary, no llores. No llores más.

El llanto cesó con la misma rapidez que se apaga una luz al accionar el
interruptor.

―Entonces ¿Por qué se fue tu novia? ¿Ya no la querías?

Niña, me voy a cagar en tu madre, pensó Saúl.

―Niña, la quería muchísimo y no quiero hablar más.

―Mira, la policía, seguro que ellos saben dónde está mi madre.

―Vamos, que ellos te ayudaran― dijo Saúl mientras pensaba: Te dejo con ellos y me libro de ti porque como sigas haciendo preguntas te despistaré y me perderé como tu madre. Que seguro que se perdió para que la dejaras en paz un rato.

Cuando se dirigían a la pareja de policías Nadie vio un gesto que no le gustó nada. Uno de ellos miró a Nadie a los ojos y dio un codazo a su compañero a la vez que señalaba con un gesto de la barbilla. La reacción de este fue apoyar la
mano sobre la culata de la pistola.

Está claro que vienen a por mí. Pensó Nadie.
Miró a todas partes buscando una salida. Solo bastó que uno de los policías
diera un paso para que empezara a correr. Y es que, el que se ve en una situación peligrosa piensa con los pies.

Corrió en dirección al Puente y al llegar al ayuntamiento vio que entraba otra pareja de policías a la calle Real. Subió por la plaza en dirección a la calle O´Daly
y entró en la iglesia. Solo habían cuatro personas, una señora mayor de rodillas y rezando, una pareja de turistas y el cura en el confesionario. Y hacia allí se dirigió.

―Ave María purísima.

―…

―Ave María purísima

―Lo que usted diga.

―Se dice “sin pecado concebida”.

―Si eso es lo que cree.

―No le entiendo joven. Supongo que ha entrado aquí para confesarse.

―¿De qué tengo que confesarme? El pecado no existe.

―¿Cómo que no existe? ― Dijo el cura levantando la voz bruscamente. La señora que estaba rezando dejó sus plegarias flotando en el ambiente y miró al
confesionario para ver que estaba pasando.

―¿Qué es pecado? ¿El sexo, decir tacos, robar, matar? ¿Por qué? Porque lo dice la iglesia o más bien porque lo impone la iglesia ¿A cuántas personas ha matado la iglesia? ¿O es que la inquisición no era un tribunal eclesiástico? La iglesia
no es más que una secta muy adinerada. O me va a decir…

Nadie no pudo terminar la frase porque por la puerta estaban entrando seis policías.
Se encaminaban al confesionario cuando el cura alzó la mano y los detuvo.

―Me has intrigado jovenzuelo ¿Si hago que salgan de aquí me dedicas unos minutos? Tengo curiosidad por saber que escondes en tu cabeza ¿Qué me dices?

―En mi vida no existe el tiempo ¿De qué quiere hablar?

―De ti. Discúlpame un momento.

El cura salió del confesionario y se dirigió hacia los policías.

―No sé que habrá hecho este chico, y no quiero saberlo. Está en una iglesia y en el confesionario. Así que pido respeto para este santo lugar.

―Ese chico ha…

―No lo quiero saber. Aquí no hay más salidas, esa es la única, así que saldrá por
ahí. Solo quiero hablar con él y cuando salga de aquí podrán hacer con él lo
que quieran. Así que por favor esperen fuera.

Los policías se dirigieron fuera dispuestos a esperar un poco. Se dividieron en
tres parejas, dos se quedaron en la plaza vigilando la única salida, otra pareja se situó en el ventanal que da a la calle O´Daly y la última rodeó el edificio buscando una posible salida.

El cura regresaba a su sitio en el confesionario y se sentaba.

―Además del párroco de esta iglesia soy psicólogo. Quizás te pueda ayudar. Te recuerdo que esto es secreto de confesión y lo que tú me digas no saldrá de mi ¿Por dónde empezamos?

―Por donde usted quiera.

―Por donde quiera, muy bien. Te haré unas preguntas y cada pregunta tendrá varias respuestas. Tú me dirás con cuál de ellas te identificas más. ¿De acuerdo?

―…

―Empecemos ¿Con cuál de estas frases te identificas más? A) Dios es el ser supremo que ha creado el universo y del que depende todo.

―Ja. Todo depende de él. Así va el mundo.

―¿Vas a comentar cada frase que diga?

―¿Le molesta que haga comentarios? Si quiere me voy, yo no pierdo nada por salir ahí fuera y seguir huyendo.

―Como quieras…B) Dios es nuestro padre, que nos cuida y nos ama.

―Si su dios existe le gusta ver a la gente sufrir.

―C) Dios es juez supremo que nos juzgará a todos.

―Estas son preguntas de quinto de EGB.

―D) Para mi Dios no existe ¿Con cuál te identificas más?

―No sé si Dios existe o no. Ya no sé qué creer.

―O sea, que dudas ¿Qué te ha pasado para que estés así?

―…

―Para ti Jesucristo es: A) un hombre exepcional modelo para los hombres de todos los tiempos. B) El hijo de Dios, hecho hombre para salvarnos. C) Un líder social, defensor de los pobres y oprimidos.

―Suso no es nadie. Aunque lo de defensor de los pobres y oprimidos le queda bien. Pero esa función la hace la iglesia, a veces.

―¿Cómo que a veces?

―La millonaria iglesia ayuda a los pobres de sus parroquias. En cuanto a los
oprimidos le da la espalda, sobre todo a los drogadictos. No quiere saber nada
de ellos si van a pedir ayuda. La iglesia a los drogadictos por no darles no les da ni una Hostia.

―…

―Sigamos, que me estoy animando ¿Cómo prefiere que le llame cura, párroco o Pacorro?

―Dime si estás de acuerdo o en desacuerdo con las frases que te voy a decir: La
iglesia debe dedicarse más a atender a los pobres y hablar menos de Dios.

―De acuerdo.

―La iglesia defiende unos valores importantes para la sociedad y para los
individuos.

―¿Qué valores? La iglesia solo piensa en sí misma.

―No necesito de la iglesia para creer en Dios.

―Claro que no. Yo creo en mi propio dios y no es el que nos ha impuesto la iglesia desde hace muchos años.

―Esta frase te va a gustar. La iglesia es una organización poderosa al servicio de
los más ricos.

―Cierto. Totalmente de acuerdo. Es poderosa y rica. Si quieres ver al Papa y eres famoso te puedes permitir el lujo de charlar un rato con él ¿Qué es la iglesia? Una secta o me va a decir lo contrario. Manipula a la gente y solo piensa en
recaudar dinero.

―Eso no es cierto. Si quieres ver al Papa solo tienes que pedir audiencia.

―Pero si tienes dinero conseguirás verlo antes.

―En cuanto a lo de secta creo que te has pasado. La iglesia no es…

―¿Cree usted en Odín? Dios de los Vikingos ¿Ra? Dios egipcio…

―Esos son dioses paganos.

―¿Dioses paganos? Eso es lo que piensa. La mayoría de las culturas no son politeístas sino monoteístas. Los Mayas, los Toltecas, los egipcios creían en un solo dios. Por ejemplo para los Mayas ese dios creador era Hunab Ku. Un dios demasiado lejano y abstracto para las gentes; y las gentes necesitaban y necesitan dioses más próximos con rostro y aspecto humano, dioses a los que pedir pequeños favores. Por eso cada religión tenía un dios supremo superior y varios dioses pequeños. Y eso mismo es lo que pasa ahora con la iglesia.

»Imagínese usted que dentro de cinco mil años unos arqueólogos descubren esta iglesia ¿Qué conclusión sacaran de ella? ¿Cuántos supuestos dioses encontraran? San Roque, patrón de los perros y de Firgas; San Juán, patrón de los enfermos y de Arucas; Santa Lucía, patrona de los ciegos. La virgen del Pino, vamos, lo de las vírgenes sí que tiene cuento.  Cada uno de estos dioses tiene una función en las gentes. Les piden, o lo que es lo mismo invocan a esos dioses para pedirles por un fin específico…salud para mis hijos, que me gane la lotería y demás tonterías.

»Pero como es lógico, usted no se atreve a llamar a esos, dioses paganos.

―Interesante, de verdad te digo que eres muy interesante. Me gustaría seguir charlando contigo pero en media hora tengo una misa.

―Lo ve. Ve usted como me trata. Ya no le intereso, me trata como trataría a un
drogadicto, mi problema ya no le interesa. Tiene que recaudar dinero y le interesan más las gentes que vienen a aportar dinero que un pobre hombre que
tiene un gran problema.

―No, no es eso, compréndelo, tengo que atender a mis feligreses. Intentaré ayudarte, pero olvídate de la iglesia y solo piensa que lo que me cuentes no saldrá de aquí. Así que seamos directos y dime cuál es tu verdadero problema.

Nadie levantó la mirada hacia las luces del techo y de sus ojos llorosos nacieron
unas lágrimas. Saúl apoyó la cabeza en la pared del confesionario y con la mirada perdida empezó a narrar.

―Siempre he sido un perdedor. Hasta de niño era un perdedor, es más, estoy casi seguro que al nacer resbalé de las manos de la matrona y caí al suelo. En el colegio todos los niños me pegaban y se reían de mi, unas veces porque supuestamente era más débil y otras porque pertenecía a una familia humilde y no llevaba ni ropa, ni lápices, ni juguetes de marca.

―¿Por qué dices supuestamente?

―Yo era un niño de estatura normal para su edad. Pero era tímido y los demás me avasallaban. Y digo supuestamente porque seguro que podría hacerles mucho daño a los demás…si los niños tenían un balón Adidas, yo tenía un balón Atizas. Si yo tenía boliches, ellos tenían cariocas. Si tenía juegos reunidos 12 ellos tenían juegos reunidos 64. Si tenía la barca de playmobil, ellos tenían el
barco pirata. Eso sí, mis padres no podían permitirse gastos, pero ellos lo dieron todo por mí. Nunca me faltó su cariño.

»Ya en mi época del instituto fui un auténtico fracaso, por suspender suspendía
hasta gimnasia. Aunque tras ocho años de estudios conseguí terminar C.O.U. Y
como me gustaban los números decidí estudiar económicas, y después de seis años hincando los codos lo conseguí. Con mi primera novia apenas estuve tres meses. Pero que tres meses más duros ¿Se puede hablar de sexo en la iglesia? Qué más da, no diré tacos ni daré detalles. Conocí a mi novia en una fiesta del
instituto, estaba borracha, era morena modosita y con cara de no haber roto un
plato…Me violó…Me cogió en el aparcamiento del instituto y me violó. Yo me
iba  a casa, estaba a punto de subir al Vespino cuando oí una voz que decía: ¡Eh! Tú, Chacho. Miré y la vi tras un contenedor de basura ¡Chacho ayúdame! Se me enganchó la falda en el freno del contenedor y se rompió. Y yo, que nunca había visto un tanga tan cerca… pues que me traicionó el subconsciente al ver aquel culo….Yo allí, en pie…parecía la Sota de Bastos…Ella clava la mirada en el As de bastos y antes de que me diera cuenta estaba yo acostado en el suelo y con los pantalones por la rodilla…y aquella gata en celo saltando como Clint Eastwood sobre su caballo…y claro, como era la primera vez…pues no pasó lo que usted piensa, no señor, aquello no salió como el champan cuando lo descorchas, todo lo contrario, de la vergüenza y el dolor de frenillo ella subió al cielo tres veces y yo me quedé en la tierra viendo nubes grises. Abreviando, resultó que era una ninfómana y a los tres meses me dejó por otro que tenía el pito cambao y le daba un gustillo especial en no sé qué cavidad interna de la vagina.
Pues nada, esa es parte de mi infancia y mi juventud.

»Pasaron los años y entré de cajero en un banco y luego pasé a interventor. Y ya ve. Tenía un buen trabajo y era feliz a mi manera hasta que un mal día llaman a la oficina. Era mi madre. Desde el primer momento que habló supe que algo iba mal, mi madre nunca llamaba al trabajo y si ese día lo hacía era porque pasaba algo muy grave. Tu padre ha tenido un accidente en el trabajo, ven por casa a
recogerme.
Llegué a casa y mi madre estaba en la cocina, mirando por la ventana hacia ningún sitio del jardín. En el ambiente había un suave aroma a
tila y en la mesa dos tazas humeantes esperando a que nos sentáramos y
sorbiéramos la pena de ese día. Se giró y con una sonrisa forzada me lo dijo todo. Mi padre estaba muerto, mi padre, aquel hombre  al que con mis veintisiete años seguía besando cuando llegaba a casa. Se había ido sin decirme adiós.

A partir de ahí mi forma de ser cambió, estaba más irritable y me mostraba cada
vez más distante con las amistades. Me refugié en mi madre y me dediqué a ella.
Solíamos ir a comer fuera, de compras, a cualquier sitio. Nos teníamos el uno
al otro.

»Un buen día que salía del supermercado mi mirada se cruzó con la de una cajera. Al día siguiente regresé, la busqué y nuestras miradas se cruzaron otra vez. Así estuve dos semanas, iba a comprar un pan, otro pan y otro pan con el pretexto de verla. Hasta que un día decidí pasar por su caja, y pasé dos, y hubo un tercero, y un séptimo, incluso quince días. Hasta que una gran mañana en la que yo llegaba tarde al trabajo la vi sentada en una de las mesas de atención al
cliente. Llamé a la compañera que la atendía y le pedí por favor que me diera
su dirección cuando se fuera. Solo la dirección, porque como entenderá ya hacía
semanas que había leído la placa de identificación de su trabajo en la que ponía su nombre. Ciara Llarena. Y así, por casualidades de la vida, esa misma tarde me encontraba yo paseando por su barrio cuando la vi salir del portal y dirigirse a una panadería. Fui tras ellas y cuando me decidía a entrar ella salía. La miré, me miró; se sonrojó, me sonrojé; sonrió, hice alguna mueca parecida a una sonrisa y entré a la panadería. Naturalmente entré a comprar un pan. Y al salir ella estaba fuera sonriendo. Y yo que siempre he sido muy valeroso le dije: Has-has-has-hasta luego…y me fui en la otra dirección.
Y entonces ella preguntó: ¿Siempre compras el pan aquí? Y naturalmente contesté que sssi-si-si.

Así la conocí y así me enamoré, y fuimos novios, y nos casamos, y éramos felices, y se quedó embarazada. Los tres formábamos una gran familia, Ciara, mi madre y yo. Mi madre la quería muchísimo y ella sentía lo mismo por mi madre y los tres disfrutamos de un embarazo esperanzador. Nosotros ansiosos por tener un hijo y mi madre ansiosa por ser abuela.

Llegó el gran día y nació Enma. Preciosa como todos los recién nacidos y un poco más porque era mi hija. Nació a las tres de la madrugada de un veintinueve de Febrero. A las ocho llamé a mi madre para darle la noticia. Se alegró muchísimo y a la vez se entristeció porque tenía un proceso gripal y “hasta que no esté bien no voy a ver a mi nieta porque la puedo contagiar”. Al tercer día
abandonamos el hospital y mi madre seguía enferma. Tenía buena cara y ya se le
había quitado la gripe, pero insistió en que la vería al día siguiente cuando
se encontrara totalmente recuperada. Al cuarto día de Enma mi madre llamó. “Ya voy a buscarte abuelita que tu nieta te está esperando…”Hubo un largo silencio, o quizás fue corto, pero en mi cabeza se hizo eterno. “Perdóname Saúl, pero no voy a poder ver a mi nieta.”

Se me hizo un gran nudo en la garganta y una lágrima hirviente resbaló por mi
mejilla hasta llegar a la comisura de los labios. Era una lágrima amarga como
la soledad “…Me voy cariño, háblale de mí.

Cuando llegué la encontré en la cama boca arriba, con una sonrisa en los labios. Sus ojos estaban clavados en la foto de mi boda. En su pecho tenía fuertemente
abrazado un portarretratos. No me hizo falta  mirar la foto para saber que había muerto abrazando una foto en la que estábamos juntos mi padre y yo. «

 

La iglesia se había llenado de gente. Saúl lloraba en el confesionario con la mirada perdida en los feligreses que esperaban su turno para confesarse. El cura pidió disculpas y salió del confesionario. Habló con otro cura para que confesara a la gente y diera por él la misa de seis y media, luego volvió a sentarse en el
confesionario.

―Te sientes culpable porque tu madre no conoció a su nieta.

―No. Si y no…Yo era primerizo y sabía que los niños son propensos a coger
enfermedades por eso no insistí para que viniera a verla. Y mi madre era una
gran abuela y no quería que su nieta contrajera ninguna enfermedad. Por eso no
me siento culpable…mi niña me ayudó a aliviar el dolor por la muerte de mi
madre. A partir de ahí mi vida volvió a cambiar, me volví más arisco en el trabajo y cuando llegaba a casa me transformaba. Era un buen marido y un gran
padre. Estaba enamorado de mi hija y su madre y a ellas les dedicaba todo el
tiempo. Éramos otra vez una familia feliz. Ciara y yo disfrutábamos viendo a
Enma crecer. La ilusión del primer diente, las preocupaciones por su salud,
todo lo que ocurre cuando tienes un bebé. Éramos muy felices.

Un día, recibo una llamada en el trabajo de Ciara. Desde que murió mi madre me llamaba todos los días al trabajo. Decía que no quería que me llevara más
disgustos por teléfono y por eso siempre me llamaba al menos una vez. Llamaba
para alegrarme el día y decirme lo mucho que me quería y para contarme alguna
anécdota de Enma.

Ese día…ese día fue hace dos días…y me dijo llorando:

Cariño…te queremos mucho…estoy viendo a tu madre…se lleva a su nieta en brazos…te quiero amor…tu madre dice que seas fuerte y sigas adelante…se fuerte, mi vida…me voy con mi niña…te quiero…

No oí más su voz, solo oía de fondo a Manu Chao cantando La Despedida…

Te espero siempre mi amor

Cada hora, cada día

Te espero siempre mi amor

Cada minuto que yo viva

Te espero siempre mi amor

Sé que un día llegarás

La llamada la hizo desde su móvil. Desde el coche que estaba en el fondo de un
barranco totalmente destrozado. Me llamaba para despedirse y para darme fuerzas para seguir adelante. Pues sí, Ciara y Enma murieron en un accidente de
tráfico…una persecución policial…el coche al que seguía la policía invadió el
carril contrario y Enma al tratar de evitarlo se despeñó por un barranco. Y como esta es una ciudad pequeña deduzco que sabrá el resto por los periódicos…
Mi niña tenía nueve meses y murió en el fondo de un barranco…y…el causante de todo sigue fugado…y nadie…ha sabido explicarme porqué todavía no lo han
localizado…

Y ahora que le he contado mi problema…¿Aún cree que puede ayudarme?

―Sí. Te ayudaré. Ahora comprendo ese gran dolor que llevas dentro y te ayudaré.

―No lo creo. Intento hacer lo que Enma dijo y no puedo…no puedo ser fuerte…nunca lo he sido…quisiera seguir adelante pero no puedo…estoy solo y no tengo a nadie por quién luchar.

―Hablaré con la policía y les diré quién eres. Seguro que lo comprenderán y…

―¡Esa policía! Esos que no han sabido esclarecer la muerte de mi familia.

―Tranquilízate.

Uno de los policías al oír el grito de Saúl entró a la iglesia y se encaminó hacia
él. Nadie salió de un salto del confesionario y fue contra él como si fuera un
jugador de rugby que se dispone a placar al contrario. El choque entre ambos
fue brutal,  pero la ira contenida de Nadie doblegó al policía. Al chocar contra él, Nadie pudo ver como el compañero avisaba por radio y se disponía a entrar.
Cuando ya había desenfundado el arma y estaba cruzando el umbral de la puerta una fuerte patada en el pecho lo hizo volar hacia atrás varios metros, cayendo de espaldas y perdiendo la pistola. Nadie salió de la iglesia con la intención de echarse a correr, al mirar a la izquierda vio a la pareja de policías que bajaban de la calle O´Daly, por la derecha venía la otra pareja que estaban en la calle Real. Bajó corriendo en dirección a la plaza con tan mala suerte que ahí había caído el arma del policía agredido.

Tan solo había bajado tres peldaños cuando un ruido atronador retumbó por las
viejas calles de Santa Cruz de La Palma. Saúl sintió primero el aguijonazo de
una avispa, el pinchazo de una jeringuilla, el tirón muscular que atacaba sobre
su omoplato izquierdo y después voló. Salió despedido escaleras abajo sin tener
el control sobre su cuerpo. El golpe contra el suelo fue brutal. Quedó tendido
boca abajo con la cabeza mirando hacia su hombro izquierdo, aturdido y confuso.

Y solo cuando vio ese líquido rojo que empezaba a manchar el suelo comprendió que había sido abatido por el disparo de un policía.

18/02/2004   Martes 1:04

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La sombra de la muerte

 Se acercó al otro perro muerto y comenzó a dar vueltas alrededor olisqueando el olor del celo, levantó el hocico y aspiró un aire enrarecido cargado de tierra, aromas de hierbas, sudor y celo humano, comida y muerte. Alzó las orejas y percibió entre el sonido del viento y el canto de los pájaros sus voces. Y los vio a lo lejos, muy lejos, en lo más alto de los riscos, camino de la Cañada de Geuco. Eran cuatro y miraban hacia abajo, pero no pudo distinguir si lo miraban a él o a la sombra de la muerte que subía tras ellos por la pedrera.

 

***

―Einer ¿Qué está haciendo…parece más grande que el perro muerto?

―Dar vueltas, parece que está olfateando el aire…yo diría que está mirando hacia aquí.

―Pásame los prismáticos, quiero ver que perro es.

―Uno grande y feo. Cógelos.

―Ya, seguro que se parece a tu madre, capullo.

―No te pases Desiré, no te pases que yo no me he metido contigo.

―¿No? ¿Estás seguro? Llevas dos horas diciéndome lentorra, que me pesa el culo y

haciendo chistes machistas.

―Vale ya. Se acabaron las tonterías ¿Qué está haciendo Desi?

―¿Quién Rayco? ¿El perro o la madre de Einer?

―Te pasaste niñata, te meto tal galleta que los ojos te los estampo en el risco. Culona de
mierda, te voy a…

―¡Eh, eh! Las manos quietas ¡Suéltala Einer! Sepárense… ayúdame  a separarlos Asier.

―Deja que se maten. Yo sigo corriendo, nos vemos en Pilancones.

―¡Hostias, Asier! Espera que ya vamos todos juntos. Desi, Einer déjense de tonterías y
peleas y vámonos que se hace tarde.

―¡Espera Asier! ¡Para! ¿Y el perro?

―Desiré. Yo no lo maté, y me da igual tanto el perro vivo como el muerto. Solo quiero

terminar el entrenamiento y volver a Fataga. No me da morbo ver como un perro huele

a otro perro atropellado… ¿Qué quieres ver? ¿Quieres ver como un perro llora por
otro? ¿Quieres ver un perro comiéndose a otro? ¿O solo quieres ver como se lo folla? …

me da igual lo que haga el perro, yo sigo corriendo, que a eso vine, a entrenar unas

horas, llegar al bareto del pueblo, tomarnos unas cervecitas y coger el coche y volver a

casa.

―¡Eh, Desi! ¿Qué está haciendo el perro? Me da que se lo está comiendo.

―¿Qué ves? ¿Qué hace, Desi?

―No lo veo bien desde aquí, pero parece que está mordiéndole el cuello. Tiene sangre en

el hocico…se le ve muy nervioso…va de un lado a otro…mete otra vez el hocico en el

cuello…se movió el perro muerto, me da que se lo está comiendo. Va por atrás y le

huele el culo, me da que está haciendo guarradas…me ha visto…no me quita los

ojos de encima…¡Viene, viene!…

 

***

Dejó de mirar a la sombra de la muerte y miró al perro muerto. Se acercó a su cuello y lamió las heridas en un último intento de devolverle a la vida. Sabía que ya no estaba vivo pero se negaba a asumir que ya no estuviera aquí. Caminó de izquierda a derecha y de derecha a izquierda una y otra vez gimiendo como un perro herido. Y lo intentó por última vez empujado con la cabeza el lomo del perro muerto. Solo consiguió que de su cuerpo inerte saliera más sangre y un aroma mezclado de orines y feromonas. Le olió el trasero tratando de identificar de donde provenía ese nuevo olor mezclado con la identidad del perro muerto, y descubrió por primera vez lo que era el sexo. La sensación de montarlo lo poseyó como una garrapata a un animal de sangre caliente. Pero no pudo porque el sexo del muerto estaba  colocado en una posición inaccesible para un perro.

Percibió que alguien lo miraba, miró hacia la cima de los riscos y los vio otra vez, y cerca
de ellos se encontraba la sombra de la muerte que reptaba sobre la tierra y las piedras. Olfateó y percibió el aroma del sexo humano, la fragancia de flores artificiales y el hedor de la muerte.  Sintió curiosidad por tantos seres incomprensibles que compartían un mismo mundo y vivían en mundos opuestos. Y decidió seguir el rastro de olores extraños que flotaban en el ambiente, olores adheridos a las hierbas del camino, olores regados en la tierra y las piedras del sendero.

***

―No creo que suba Desiré, desde aquí no podemos apreciar si se movió a otro lado o si

de verdad sube…¡cabrones!…¿no me van a esperar?

―Corre Rayco, vámonos de aquí antes de que llegue.

―No seas paranoica, voy a asegurarme de que no viene. Nos vemos en El Gigante.

Grítale a Asier para que nos espere allí. Einer déjate de tonterías y no molestes a

Desiré.

―Corre niñata, culo gordo. Ves como te pesa el culo, no eres capaz de superarte ni huyen

do de un perro. Quédate en tu casa y así no nos haces de lastre cada vez que salimos a

entrenar.

―No…soyun… lastre…amíme…invitarona…correrEi…ner…y…sier…

―Ya…respira culo gordo. Ves como te asfixias corriendo. Te invitaron a venir porque se

les caen las babas por ti.

―Idiota

―¡Eh! Veo que una sola palabra si la puedes decir corriendo. Mira, el cabrón de Asier ya

llegó arriba. Qué raro que haya dejado a su princesita atrás, o será que entrenando eres

una carga para él.

―Que te den.

―Muy bien, has dicho una frase sin asfixiarte…¡Mierda! Esto va en serio, ahí viene Rayco

gritando como un loco. Corre culona…que viene el perro.

―Pero…¿porqué?

―Yo que sé por qué coño viene. De lejos se veía que era enorme. Tenemos que buscar

algún sitio donde subir, refugiarnos, o yo que sé.

―Dame la mochila Desiré.

―Coño, Asier, que susto.

―No te asustes Einer, es el perro el que te va a morder.

―¿Por qué viene? No le hemos hecho nada, Asier.

―No sé. Es un comportamiento muy raro en un perro. Desde que era pequeño he tenido

perros y por norma general tienen una conducta normal, pero este tiene que tener los

cables cruzados. Quizás el otro era su cachorro, o su perra…aunque también puede que

Rayco nos esté engañando para reírse un rato.

―No…Rayco…no…jugaría coneso…

―Es verdad, el tortolito no te haría eso.

―Vamos a esperar aquí por Rayco. Y vamos pensando que hacer si de verdad viene ese

perro ¿Qué se te ocurre Desiré?

―Tenemos pocas opciones, aparte de coger piedras. O nos hacemos una bajada suicida

hasta las casas de Gitagana;  aunque  creo que es una locura porque no hay camino y

porque probablemente el perro baje más rápido que nosotros. O seguimos corriendo

hasta la degollada de La Manzanilla, que creo que por el camino hay una caseta de

obras de medio ambiente y nos podríamos subir al techo; aunque está un poco lejos. O

buscamos un árbol o un risco donde no pueda subir el perro.

―Y si seguimos corriendo y dejamos a Rayco de merienda. No me mires así Asier, era

solo una idea…y si sigue teniendo hambre que se coma a la culona.

―No te pases. Esto va en serio y ya no es cuestión de rápidos y lentos. Tenemos que

seguir juntos…¡Eh! Rayco, dime que es una broma pesada de las tuyas.

―Quevá…teoprometo…el puto…perro…viene detrás…no corre, pero viene ligerito. Agua,

tengo que beber…¿Qué hacemos?

―¿Y si nos escondemos? Nos tumbamos detrás de esas piedras y vemos si sigue de largo

…a lo mejor es el perro de algún pastor y pasa por este camino de vuelta a su casa.

―Bien, Einer, te felicito, por fin dices algo coherente.

 

***

 

Llegó a la cima con la lengua fuera, exhausto, miró alrededor buscando agua. Olfateó una tabaiba, uno de los humanos había marcado el territorio. Levantó lapata y lo marcó también. Su orín corrosivo rápidamente absorbió al olor humano. Barrió con la mirada toda la Cañada de Geuco tratando de localizar a los humanos. No los vio, ni allí, ni en el Gigante y tampoco los vio por Los Vicentillos. Agudizó el olfato y encontró olores corporales en las hierbas del camino, rastros de sangre mezclados con olor a sexo que flotaban en el ambiente y un olor extraño que no supo descifrar de qué provenía. Era el olor del miedo.
Caminó siguiendo el rastro a través del sendero y al llegar a un recodo del camino la brisa le golpeó el hocico robándole la pista de los humanos. Clavó la mirada en las dunas de Maspalomas y dejó que la brisa del mar le acariciara el pelaje. No trató de recuperar el rastro perdido porque sabía que con esa brisa sería muy difícil dar con los humanos. Y dejó el camino. Subió por una ladera buscando el punto más alto para tener mejor visión y tratar de localizarlos desde arriba. Era cuestión de lógica, si llegaba a la cima los vería a lo lejos en cualquier parte del camino, siempre y cuando no huyeran hacia el pinar. Durante la ascensión sintió un aguijonazo, un aviso, una llamada, una sensación de alguien me mira, alguien me observa, alguien sabe que estas aquí. Giró rápidamente buscando de donde venía ese presentimiento. Árboles, maleza, piedras y pinos. Sintió otra vez el aguijonazo, la sensación de ser observado y se dejó llevar por el instinto. Solo vio unas rocas enormes en la cima de El Gigante que le decían que de allí provenía el aviso. Rocas, solo rocas en las que había algo que no tenía sentido. Miró girando el cuello hacia los lados buscando diferentes perspectivas. Sabía que había algo allí pero no
encontraba sentido a lo que tenía que ver. Miró al sol, luego miró al suelo y a su sombra, se movió a los lados y la sombra lo siguió. Miró al sol, luego a las rocas y a la sombra que había en ellas. Miró al sol, luego a su sombra y después a la sombra que  estaba sobre las
rocas. Era la sombra de la muerte que le indicaba el camino. Ladró en un gesto que quería decir “he resuelto el enigma” y “gracias por enseñarme el camino” y corriendo por la ladera se dirigió  hacia la sombra de la muerte más por curiosidad que por buscar su destino.

 

***

 

Desde que nació era cuadrado como su nombre, corpulento y musculoso. Cuadrado como alemán que era. De mente cerrada y siempre creía tener la razón. Cuadrado de molleja. A los cuatro años le quitó los dientes de leche de un puñetazo a otro niño de la guardería. Motivo: No dejaba de llorar. A los catorce le rompió la nariz a un compañero de colegio. Motivo: No le dejó copiar en un examen. Lo primero que hizo cuando salió del reformatorio (merecía estar allí) aparte de darle dos palos y romperle cuatro costillas al dependiente de una gasolinera de su barrio, por llevarle la contraria, fue robar la
recaudación del día. Dos días después al salir del ascensor vio a dos policías hablando con sus padres en la puerta de su casa, “ahora vengo” les dijo mientras se cerraban las puertas y bajaba otra vez a la calle. Media hora después estaba en el hospital en una visita amistosa al dependiente de la gasolinera. Apoyó su mano tamaño raqueta de tenis en el vendaje que cubría las costillas rotas y dejó que su metro noventa y uno y sus ciento diez kilos se dejaran notar al otro lado del vendaje. Se fue de la habitación caminando al
ritmo de la banda sonora de llantos de la novia del dependiente qué, muy amable y servicialmente y “nunca contra su voluntad”, la de él, no la de ella, se auto obligó a hacerle una felación para que se relajara y no dejara caer sus ciento diez kilos sobre su novio. La policía no volvió por su casa acusándolo de agresión y robo. Cuando salió de la cárcel (también se lo merecía) se dirigió a atracar una peluquería. Entró imponiendo respeto y salió con un corte de pelo y un arreglo de cejas. Lo atracaron a él. Una joven risueña de ojos verdes y mirada vacía le enseñó a cambiar de rumbo. Todas las tardes él la esperaba después del trabajo para rogarle una y otra vez que saliera con ella. Que si
cepíllate los dientes, que si córtate las uñas, que si aféitate, que si no digas palabrotas y sobro todo que no seas tan agresivo. Y el bruto de cabeza y cuerpo cuadrado como su nombre cambió hasta lo impensable y se volvió mejor persona. Pero como le decía su novia: “Einer eres un cabeza cuadrada, como los alemanes, pero ten en cuenta que no siempre llevas la razón”.

***

 

Cuando el perro miró hacia las rocas donde estaban escondidos él supo que todo iba a acabar mal. Cuando se le escapó a la matrona de las manos como si fuera una pastilla de jabón su madre supo que el bebé heredaba el don de su madre, de su abuela y de alguno más de sus familiares. La abuela murió a la misma hora y en el mismo minuto. Al igual que su nieto cayó al suelo al tratar de levantarse de la mecedora y se golpeó en la cabeza, en el mismo sitio, detrás de la oreja izquierda y se fue dejando a su nieto un hueco en este mundo. Creció escuchando voces  y viendo cosas que para muchos no existían y que para él eran normales. Hasta que un día su madre le explicó el don que tenía. “Ver muertos no es un don malo, escuchar voces tampoco. Aprenderás a controlarlo e ignorarlo”.

Cuando el perro ladró a las rocas Rayco presintió que no eran los únicos que estaban en El Gigante.

 

***

 

El perro oyó los gritos de pánico cuando se dirigía al Gigante. Se asustó. Se asustó porque pensó que los humanos iban a atacarle, siempre le quedaba la opción de huir. Se asustó porque la sombra de la muerte ya no estaba allí, no sabía que opciones tenía contra la sombra de la muerte, eso lo asustó más.  Los humanos se dividieron en dos parejas y treparon a las rocas ayudándose unos a otros. Dos estaban situados en una roca
orientada hacia la cañada de Geuco, los otros dos estaban en una roca al borde del precipicio que hay sobre el barranco de los Vicentillos, uno de ellos era el humano que olía a sangre coagulada y sexo. Se gritaban unos a otros, pero las parejas no se podían ver porque estaban en el vértice contrario de la montaña. El perro se acercó cautelosamente. Los gritos cesaron. Trató de trepar a una de las rocas y una roca le golpeó en el lomo causándole un gran dolor. La historia de las rocas le sonaba, siempre lo apedreaban, apaleaban o torturaban.
Afligido se retiró unos metros lejos del alcance de las piedras y fuera del campo de visión de los humanos. El olor a sexo y sangre era tan fuerte y tan cercano que le provocó una erección. Se acercó sigilosamente lo más cerca que pudo sin ser visto para así embriagarse con ese olor. Se echó en la sombra de las rocas para descansar y tomar una decisión y al mirar hacia el único camino de subida que conducía al Gigante vio a la sombra de la muerte que les cerraba el paso. Por primera vez pensó en plural y se dio cuenta de que la sombra no estaba allí solo por ellos. Estaba allí también por él.

***

 

Ni en sus años de Boy Scout, cuando contaban historias de terror al calorde una hoguera había pasado tanto miedo. Miedo compartido era lo que sentía ahora. Miedo contagioso que se  propagaba a través de los gritos de los demás. Trató de serenarse y lo consiguió. Como buen vasco que era pensó con la cabeza antes que con el corazón. Trató de serenar
a los demás regalándoles palabras agradables y repartiendo calma. Trazó un plan en poco menos de un segundo y lo explicó. Pero el plan salió mal, de las nueve piedras que volaron solo una impactó contra el animal. Les mintió diciendo que el perro estaba gravemente herido y que se había retirado  desangrarse en algún lugar. Pero vio por el rabillo del ojo que el perro regresaba y desaparecía junto a la roca en la que estaban Einer y Desiré. Trató de trazar otro plan y se perdió en cavilaciones sin sentido  que en este momento no le servían para nada.
Leía unos tres libros al mes, más de treinta libros al año, más de quinientos cada diez años y nunca se le había ocurrido leer ninguno que tratara sobre perros. Eso le cabreó e hizo que se perdiera aún más en sus pensamientos…El Perro, de Vázquez Figueroa. Solo me acuerdo del perro que corría tras el preso…El perro del Hortelano…Ojos de perro azul, García Márquez…nada…solo recordó la última frase… «Eres el único hombre que, al despertar, no recuerda nada de lo que ha soñado»…y soñando con soñar se dio cuenta de que la tarde estaba cayendo y que no habían solucionado el problema del perro.

―Non gogoa, han zangoa.

―¿Qué dices, Asier?

―Donde van tus pensamientos, van tus pasos. Es un proverbio vasco.

―Pero si tú eres más canario que el gofio, llevas aquí más años que el teléfono móvil.

―Ya, pero el proverbio tiene razón, si pienso que voy a salir de este apuro saldré del

apuro tarde o temprano. A lo Van Gal, Rayco. Siempre positivo, nunca negativo.

―Me quedo con el proverbio vasco.

―Vamos a bajar y hacerle frente al perro, somos cuatro contra uno y seguro que

podremos con él.

―…

―¿Me oiste?

―No, perdona, si dijiste algo no te oí, estaba pensando en Desiré. Entre dejarla con

Einer y el perro casi que prefiero al perro.

―Vamos a hacerle frente al perro. Seguro que podremos con él.

―No estamos solos Asier, presiento que hay alguien más.

―¿Qué?

―Desde que nací tengo el don, o mal don de ver y escuchar cosas que otros no ven. Por

eso a veces puede parecer que estoy despistado, y no lo estoy, simplemente estoy

escuchando voces, unas veces las ignoro y otras les presto atención.

―Vete a la mierda Rayco. No estoy para historias de terror ni bromas pesadas.

―Te lo prometo. No miento.

―…

―Noto una presencia pero no sé donde está.

―Me estas acojonando. Sabes, tengo la carne de gallina, cosa muy rara en mí. No la

tengo desde hace más de quince años. Estaba estudiando en mi dormitorio cuando se

abrió la puerta y entró mi amigo Ametz y me dio las gracias por ser un gran amigo y

hacerle compañía en su casa. Solo acerté a preguntarle si lo que llevaba puesto en la

cabeza era un peluquín, pero no me contestó porque ya había desaparecido escaleras

abajo. Ametz tenía leucemia y yo le acompañaba todas las tardes hasta que empeoró y

sus padres me prohibieron verlo. Para que me llevara un buen recuerdo, eso lo entendí

después. Cuando salió de mi habitación me quedé desconcertado y dándole vueltas a

todo lo que había dicho, su estado pocos días atrás…salí tras él y cuando bajaba las

escaleras sonó el teléfono. Mi madre estaba en el salón y bajé mirándola porque ella

tenía que haberlo visto bajar. Colgó el teléfono, me miró y lloró. No me hizo falta saber

lo que me iba a decir.

―Que fuerte, se despidió de ti.

―Sí. Y desde que estábamos tras aquellas rocas tengo la carne de gallina.

 

***

 

―¡Mierda, mierda, mierda! Joder, me ha bajado la puta regla. He manchado las bragas y

los pantis ¿Alguien tiene alguna muda de ropa en su mochila?

―Yo. Culo gordo, lentorra, lastre. ¿Ves? Ahora te viene la regla, eres un incordio y un

lastre muy pesado.

 

***

A los diez años era una niña rubia y melosa. A los once años era una niña gorda y empalagosa. La primera regla fue dolorosa y un preludio de lo que serían las posteriores.
Sangre, mucha sangre y abundante sangre. Y por si fuera poco cada vez que venía la menstruación se transformaba en una rubia de muy mal humor dispuesta a comerse a todo aquel que se cruzara en su camino. A los veintidós años su metro sesenta y cinco equivalía a noventa kilos. Creció sin novios, eso sí, era muy enamoradiza, muy buena persona, muy buena estudiante, muy buena amiga (que un chico le dijera que era su mejor amiga equivalía a varios días de llanto), muy  alegre, muy humillada y muy gorda. Hasta que descubrió que a través del sexo los chicos le prestaban atención. Y se
convirtió en princesa. La princesa de las carnes magreadas. Se dejaba tocar y lo disfrutaba porque siempre había sido rechazada, se sentía más mujer, más segura porque por fin había conseguido relacionarse con chicos. Y los ligues de una noche (besos con lengua) se convirtieron en rollos de un mes (culo, teta chocho). Hasta que llegó el más guapo, el más romántico y el más deseado. Y en una sola noche quiso poseer los cuatro elementos de su naturaleza; tierra, sus pezones duros como piedras; aire, su culo en expansión como los gases; fuego, su sexo ardiente y radiante; agua, sus besos mojados. Y una sola palabra sirvió para que la rubia de noventa kilos se deshiciera con el
tiempo de treinta kilos. Chúpamela, esa palabra tan sobreesdrújula hizo que su vida cambiara. Yo no soy una puta dijo mientras sus noventa kilos de presión apretaban los testículos. Yo no soy una puta dijo cuando vio en que se había convertido. Yo no soy una puta, y sí, me sobran cuarenta kilos.

 

***

 

Y llegó la noche acompañada de la luna llena. Y con ella el silencio y el frío. El perro
despertó de su pequeña siesta,  aún le dolía el golpe en el lomo. Se sintió inquieto, incómodo por estar allí. El olor a sexo humano y sangre era más fuerte. Levantó su enorme cuerpo y se estiró como si estuviera haciendo reverencias. Retrocedió unos pasos de las piedras tratando de localizar a los humanos entre las sombras de la noche. Solo
consiguió ver a los dos humanos que olían a sangre y sexo. Tuvo otra erección y por fin se decidió a aparearse. Aprovecharía la confusión de la noche para abalanzarse sobre el humano que olía a celo. Dio dos pasos atrás, flexionó las patas traseras dispuestas a conseguir el impulso suficiente para trepar por las rocas hasta su objetivo. Y cuando estaba dispuesto a saltar alguien lo acarició, se le erizaron todos los pelos del cuerpo, la columna vertebral se encogió como un acordeón, los testículos subieron y se escondieron en algún sitio. Miró atrás aterrado, buscando quién lo había tocado y lo que vio lo dejó
desconcertado.  No había nadie, solo la oscuridad que ocultaba su destino. Y cayó en la cuenta, las sombras se habían aliado y la sombra de la muerte estaba en cualquier sitio. Sintió el aliento de la muerte. El pánico surgió de su garganta ladró y aulló a todas las sombras porque ya sabía cuál era su  destino.

 

***

Cuando descubrió que su primera dieta seria le restó dos kilos en una semana decidió aplicar las matemáticas.Si x (dieta) + y (voluntad) = dos kilos; x+y+z = 4 kilos, pero como no era  buena en aritmética se equivocó y el resultado de la ecuación fue 5 kilos. Así que decidió convertir a z en una progresión y si hoy corría un kilómetro, mañana corría dos, el otro tres y cuando se dio cuenta iba por doce kilómetros al día. Y como una cosa lleva a la otra llegó a pasar en su tabla de equivalencias los kilómetros a minutos y horas.

Buenos días flacucha, le dijo un día el espejo, o quizá fue ella la que se lo dijo al espejo, da igual, lo cierto es que un día se despertó flacucha.

La flacucha que no quiso ser puta se transformó en dama de corazones y se vio otra vez rodeada de picas, tréboles y diamantes. Y como no le iban los faroles ni las cartas boca abajo decidió jugar al solitario y repartir las cartas sobre el tapete. Y cuando se dio cuenta se convirtió otra vez en princesa. La princesa del himen sagrado. No, no se metió a monja para clausurar sus partes íntimas. Dejó de llorar por los hombres como la Magdalena. Y no, no se hizo puta como la otra, simplemente se asqueó de los hombres que la querían como a un preciado trofeo y huyó de ellos. Se hizo audaz, sagaz y pertinaz solo para que la dejaran en paz. Astuta y pícara para así poderlos dominar. Pero llegó el príncipe azul a lomos de un unicornio rosa. Y la princesa del himen sagrado se convirtió en la princesa del choco encoñado. Y besó el suelo que él pisaba, santificó su nombre y sus palabras, dejó caer sus babas y un mal día decidió que también dejaría caer las bragas. Él la miró tiernamente, ella le declaró su amor a la vieja usanza. Él le dijo las odiosas palabras…¿quedamos como amigos?, ella se derrumbó, dudó, ta- ta- ta-
tartamudeó…no te entiendo. Y él contestó…No te has dado cuenta que soy Gay.

Y con un cuarto de siglo a cuestas perdió la inocencia entre las sábanas, pero no fue un sable quién se llevó el himen sagrado, fueron unas tijeritas las que cortaron la
adolescencia en aquella cama.

 

***

 

―Están discutiendo, no han dejado de discutir desde que están allí.

―Si Asier. Es una putada que les tocara quedarse juntos. Ya se podría haber quedado

uno de nosotros.

 

―Déjame en paz. Cerdo

―Qué te pasa chochito lindo. No vas a dejar que te abrace para quitarte el frío.

 

―Es una locura, Rayco. Esperar a mañana es lo peor que podemos hacer.

―Es verdad, lo mejor que podemos hacer es atacarle, tenemos bastones y piedras y

somos cuatro.

 

―Eres un hijo de puta. Esto de tenerme aquí en bolas con un puto perro que nos quiere

comer es de cerdos y maniáticos.

―Y yo que pensaba que ibas a llorar. Eres dura. Una lesbiana muy dura. Porque tengo

claro que los rumores que circulan sobre ti son ciertos.

 

―¿Te molesta que sea lesbiana? Aunque también dicen que es bisexual.

―Rayco, creo que te dejas llevar mucho por los rumores. Yo creo que es tímida o que

algo le pasó y por eso no quiere relacionarse con ningún chico.

 

―Y… ¿Por qué no te gustan los chicos? No será porque tienes rabo.

―Préstame tu muda de ropa, te lo suplico. Este no es momento para que juzgues mi vida.

Estoy incómoda así, desangrándome por las piernas para abajo y encima aguantando

tus tonterías.

 

―Por si fuera poco tiene la regla. Tiene que estar incómoda con los pantis y las bragas

manchadas.

―Pues más razón para que hagamos algo ¿Nos la jugamos e intentamos llegar a su roca?

Así de paso vemos como es la reacción del perro.

 

―Einer…Einer…creo que el perro se está moviendo.

―Que le den al perro…te doy un rollo de papel higiénico que tengo en la mochila si me

enseñas las tetas…y te doy unos pantys limpios si…

 

―…si me das una barrita energética te lo agradeceré eternamente Rayco. Tengo un

hambre de cojones. Me la como y vamos con ellos. No me hace ilusión que me dé una

pájara cuando estemos atacando al perro.

―Si me lo pides así no me puedo negar. Es broma. Toma. Yo me comería ahora mismo

una pizza con…

 

―…me la chupas. Porque seguro que te encanta chupar y lamer. ¿O no? ¿No es eso lo que

hacen las tortilleras?

―…el perro…

 

―Ahhhh, haz que se calle Asier, que deje de aullar el puto perro…calla…

―Te-te-tengo miedo…está loco…porque ladra así ¿¡Qué quieres puto perro!?

 

***

 

El pánico se adueñó del Gigante. El eco huyó tembloroso entre riscos y peñascos, de los
Vicentillos  a Gitajana, de Arteara a la degollada de las Yeguas. De Fataga a Maspalomas los perros propagaron el aullido, aullaban tristemente porque sabían que alguien moriría esa noche.   El perro se cagó de miedo, Rayco también, Asier se acojonó, Einer se meó y a Desiré se le paró el corazón durante un breve instante para después latir con tal
intensidad que hizo que su nariz sangrase y su vejiga se vaciase empapando la roca con orín y sangre.  El perro miró a las rocas confuso. Le daban miedo los gritos de pánico de los humanos. Se disponía a huir con el rabo entre las patas, y ya estaba dando los primeros pasos de su huida cuando algo pasó volando cerca de su oreja y se estrelló en
el suelo con un ruido sordo. El olor le embriagó. Olor a celo humano. Olor a sangre. Olor a orín. Acercó el hocico y olfateó de cerca el objeto que había en el suelo. La erección volvió. Empezó a lamer obsesivamente los restos de sangraza, sudor y orines. La cordura lo cegó transformándolo en un ser depravado cuyo único objetivo era subir a la roca y aparearse con el humano ensangrentado.

 

***

 

Sollozando porla impotencia, la frustración y la vejación se quitó las bragas y el salva
slip. Tenía asco de sí misma, sentir los coágulos de sangre deslizarse por los muslos  le hizo perder la razón. Arrojó la prenda y el salva slip al perro mientras gritaba como una loca. Hasta que vio la reacción del perro y lo que hacía después. Entonces comprendió porqué los seguía el perro. El perro había olido su menstruación mucha antes de que le
bajara. El perro solo la quería a ella. Solo deseaba poseerla como si fuera una perra en celo. Pero no fue la única que intuyó lo que quería el perro.

―Te quiere a ti…solo quiere follarte…

Desiré no apartaba los ojos del perro. Einer no apartaba los ojos de Desiré. Por su mente
pasaron ideas descabelladas, inmorales, por la de Einer también. Sobre la roca del tamaño de una cama de matrimonio se había despertado el odio, la repugnancia, la locura. Cada uno en su lado de la roca tenía claro quién era su aliado y enemigo común: El perro. Ella tuvo claro que ningún hombre la humillaría otra vez. Ese fue el motivo de relacionarse con otras mujeres, el respeto mutuo. Desiré dio dos pasos hacia Einer, su cabeza era un mar de dudas embravecido con olas de ira y repugnancia hacia él. Le  atacó sin tener claro si le empujaría hacia el perro o hacia el precipicio. Einer era capaz de capear  cualquier temporal y con un golpe de rencor le destrozó la nariz de un puñetazo. Voló hasta donde había estado y se golpeó en la cabeza al caer. El tiempo se paró, desde el suelo podía oír como Rayco y Asier les gritaban que iban a abandonar su refugio y  tratar de llegar a ellos. Podía oír como el perro aruñaba las rocas con sus pezuñas traseras tratando de subir a por ella. Vi el ligero movimiento de cabeza de Einer que escuchaba lo que les decían desde la otra roca. Desiré pensó fríamente, dibujó un plan, era su última oportunidad para acabar con esta pesadilla y sacó sus armas de mujer. Se levantó torpemente y le dijo unas palabras antes de que él atacara otra vez. Luego se quitó la camiseta y  el sujetador para cubrir la sangre que brotaba de su nariz rota.  A
la luz de la luna y a los ojos de Einer dejó ver su cuerpo de caderas prominentes, pechos exuberantes y pezones planos. Y los ojos de Einer se perdieron entre pezón y pezón mientras ella se acercaba hasta él con los brazos abiertos.

 

***

 

―Vamos a subir a la roca. Desiré, vigila al perro y dinos cual es su reacción. Einer,

ayúdanos a subir. Cuando ustedes cuenten hasta tres dejamos esta roca y subimos.

―Esto es una locura Asier, estoy acojonado…nos va a comer…

―Calla y prepárate, a la de tres…y no mires hacia el perro…solo piensa en que tienes que

subir y sube…

 

―¿Qué haces?… ¿Por qué me pegaste?…Solo quería que me abrazaras…

―…

 

―¿A qué esperan para contar?

―Creo que viene…sea lo que sea viene…lo presiento…lo noto en el silencio…

―…y yo en el ambiente enrarecido…en mi carne de gallina…estamos perdidos…

―¡Corre! Vamos a la roca, no quiero que estemos solos cuando llegue eso.

 

Y se abrazaron a la luz de la luna, entre las sombras de la noche,  escuchando el jadeo del perro que avanzaba poco a poco por la roca. Desiré lloraba. Einer estaba perplejo. Pudo ver como con un gesto distraído ella se pasaba las dos manos por su sexo, como si
tuviera frío, luego las abría otra vez cuando estaba a menos de un metro y lo abrazaba. Se quedó firme, sin devolver el abrazo, con los brazos caídos mientras ella recorría su espalda con ambas manos.

 

Culogordo, lentorra, lastre impregnaba con olores de sexo y feromonas  la ropa y la cabeza del alemán. Buscó sus labios mientras acariciaba su pelo y lo ensuciaba. Atrajo sus caderas contra su sexo manchado y se restregó por su pene, por sus muslos, mientras trataba de bajarle los pantalones. Cogió sus manos y las metió entre sus piernas, manchándolas de coágulos de sangre, y sintió su erección y como flaqueaba.

Y el perro ya casi estaba en la cima, asomó su cabeza sobre la roca, y los vio, y olió y no
distinguió de cuál de los dos provenía el olor.

Einer lo vio primero, se separó, la miró y sonrió satisfecho por la argucia de Desiré.

 

***

 

El perro clavó sus patas en la roca para dar el último impulso y llegar a la cima.

Asier trepaba por el otro lado de la roca.

Rayco no se atrevió a salir de su refugio y miraba como trepaba Asier.

Einer sonreía, con una mano la cogía del cuello y preparaba la otra para golpear.

Desiré lo dio todo por perdido y deseaba que el golpe de Asier la matara.

El perro flexionó las patas traseras…

Asier ponía medio cuerpo en la cima y buscaba donde apoyar los pies.

Rayco solo veía las piernas de Asier colgando en el vacío.

Einer descargó toda su ira en un golpe letal.

Desiré sintió como sus huesos y dientes explotaban hacia dentro mientras volaba.

El perro saltó  hacia a la cima.

Asier gritaba mirando como Desiré volaba.

Rayco vio como la sombra de la muerte trepaba. Gritó presa de la locura.

Einer vio como caía por el precipicio.

Desiré se estrelló en el fondo del barranco de los Vicentillos.

El perro llegó a la cima.

Asier vio como el perro caía del cielo y aterrizaba junto a su cara.

Rayco corrió hacia la cañada de Geuco. Rayco bajó a Arteara.

Einer vio a Asier en cuatro patas y al perro que lo miraba cara a cara.

El perro olfateó su cara y luego miró a Einer. Olfateó. Era el olor que buscaba.

Asier vio como el perro se abalanzaba sobre el cabeza cuadrada.

Rayco llegó a la carretera que va a Fataga.

Einer voló como Desiré, con el perro enganchado en la tráquea.

Asier vio como la sombra de la muerte regresaba del precipicio y pasaba junto a él.

Rayco miró hacia atrás y vio la sombra que se acercaba. Gritó, gritó y gritó.

 

***

 

Asier miraba hacia el fondo del barranco. Tres sombras oscuras destacaban en él. Un grito espeluznante rompió el silencio de la noche, luego otro, y otro, y después
llegó otra vez el silencio al Gigante.

Asier bajó de la roca y se sentó a esperar en un cruce de caminos a que la muerte llegara.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La Mantícora no termina aquí

 

 

El nueve de Agosto de mil novecientos cincuenta conocí a mi gran amigo Esteban Chinea. No sé si llamarlo amigo o hermano, ya que lo nuestro fue algo más que amistad. Fue un sentimiento mutuo de respeto, camaradería y también amor. Sé que suena mal la palabra amor entre dos hombres, pero lo nuestro no era un amor sucio, era un amor fraternal.

 
Esteban era apenas dos años mayor que yo, con sus «treinta y tres años a cuesta», como decía él, era muy alegre y juvenil. Lo admiraba mucho porque al igual que yo emigró en busca de fortuna, y lo idolatraba porque él lo hizo para darle una mejor vida a su familia. Yo, en cambio, lo hice porque era un feo solterón en busca de aventura.

 
Desde que Venezuela nos acogió trabajamos de sol a sol en una hacienda situada junto al mar. Con la mirada perdida en el horizonte añorábamos a nuestras familias y a nuestra tierra.  Ni las inclemencias del tiempo ni el duro trabajo de hacer surcos y más surcos con el sacho consiguieron minarle la moral a mi gran amigo. Ni siquiera el duro viaje en la Mantícora, aquel velero en el que zarpamos desde la Gomera ciento sesenta y cuatro personas con hambre de fortuna y llegamos a Venezuela con hambre de verdad.

 
Aquel viaje fue un infierno, ni las tormentas que nos sacudieron pudieron con Esteban.  Aún recuerdo cuando apareció el Liberdade, un pesquero Portugués que se  acercó temeroso a la  Mantícora. Al ver el estado del barco, comido por la marea y el viento, y a nosotros, hacinados como sardinas, esqueléticos y apestando como cuadras y pocilgas decidió seguir su rumbo lanzándonos al mar un barril de agua  y algo de comida. Nos dio la posición exacta a gritos y continuó hacia su destino evitándonos como a leprosos y tullidos. Cuando el pesquero desapareció nos quedamos con las penurias, desolados y desamparados en medio del atlántico. Y Esteban, que no le temía a nada y conserva intacta la ilusión gritó: «Alegría, que la Mantícora no termina aquí».

 

 

Semanas después, cuando ya estábamos en tierra firme le dije:

―Esteban se acabó la aventura, empieza una nueva vida ―me miró seriamente, luego miró al horizonte y susurró tristemente―. No el viaje no termina aquí, algún día tendremos que volver.

Nunca olvidaré la única vez que lo vi llorar, lloraba de alegría porque el cartero le había traído una carta Gomera, pero esta no era como las demás cartas que recibía.

―Mira Martín ―me decía lloriqueando― .Mi hijo sabe escribir.
Y es que esa carta era muy diferente a las anteriores que había recibido ya que en esta no escribía Gertrudis, su mujer, esta la escribía Estebin, su hijo de ocho años.

―¡Ábrela Esteban!―le gritaba eufórico y tan emocionado como él, y mi amigo correteaba por los surcos de papas, lloriqueando y riendo de alegría―¡Ábrela ya, coño!―le grité por última vez y Esteban paró en seco, me cogió por los hombros, clavó sus ojos en los mios y susurró:
―Martín, eres mi mejor amigo y te quiero tanto como a mi mujer y a mis hijos.

Hizo una pausa interminable y una lágrima bajó por la mejilla hasta la comisura de los labios, la saboreó y dijo:
―Sabes que lo comparto todo contigo, pero esta carta la quiero saborear como a esta lágrima. Me voy a casa a disfrutar de la primera carta de mi hijo. Me tumbaré en la cama y la leeré una y mil veces. Compréndeme Martín, necesito estar a solas con mi hijo.

 

Esteban salió de los surcos agarrándose el vientre como si tuviera retortijones. Yo, como buen amigo, me encargué de decirle al patrón que tenía cólicos tan fuertes que lo hacían doblarse de dolor y que se iba a descansar.

 

Por la noche, al llegar a la chabola abrí la puerta corriendo y vi los dos catres vacíos, en la mesa una vela encendida, y junto a esta, una foto y la carta de Estebin.

 

Era la foto de tres mujeres y un niño que supe por el parecido que era Estebin. Había una señora mayor que debía ser la madre de Esteban. La otra mujer que estaba a su lado era Gertrudis, su esposa, y la mocetona, que no tendría más de veinte años debería ser su hija Margarita del Carmen. Miré sonriendo la foto y sentí la nostalgia de no tener una familia. Mis pensamientos divagaron. Soñé que formaba parte de aquella familia. Me vi en la foto como el tío Martín que estaba detrás de la cámara haciendo la toma.

 
Una suave brisa agitó la llama de la vela y las sombras danzantes de la habitación me devolvieron a la realidad. Miré la carta, luego la foto y pensé que Esteban estaría celebrándolo en la cantina del pueblo. Mis ojos se clavaron en el sobre y lo cogí para leerlo. «Soy como un hermano y él es toda mi familia», pensé con remordimiento «no creo que se enfade conmigo». Abrí la carta y vi unas letras escritas con caligrafía infantil, sonreí y la leí.

«Padre.  Madre se ha empeñado en que le escriba una carta el día de mi primera comunión. No sé qué escribir porque hace mucho tiempo que no le veo y recuerdo muy pocas cosas de usted.  No me gusta decir usted porque como eres mi padre creo que debería hablarte como a un amigo. Solo recuerdo cosas como cuando íbamos a coger cangrejos para pescar y cuando le picó la araña en las plataneras y nos reímos mucho, y lo que más recuerdo es el día que te fuiste a buscar mejor vida para todos. Me dijiste que si alguna vez me hacías falta se lo dijera a madre para que ella escribiera y tú volvieras. Se lo he dicho muchas veces pero tú no vuelves, así que creo que ella no me hace caso,  por eso me las apañaré para mandarte esta carta y no la que me dijo madre que te enviara. No entiendo muchas cosas y los niños se ríen de mi, por eso me gustaría que tú me las explicaras, porque cada vez que le pregunto a madre o a Yeya me dicen que no haga caso de las tonterías. No entiendo porqué si te fuiste a buscar dinero y no lo puedes traer hasta que vengas nosotros tenemos ropas nuevas y podemos comprar muchas cosas que antes no podíamos. Tampoco entiendo porqué todos los hombres son mis tíos. Ya he aprendido en el colegio quienes son los tíos y tú no tienes hermanos y  madre solo tiene uno.
No entiendo porque madre invita a todos esos tíos a tomar café. Además creo que madre sufre mucho porque tú no estás, ya que algunas noches la oigo gritar en su habitación. La otra noche oí como mi hermana Margarita gritaba y fui a su habitación a ver que le pasaba y la vi sin ropas, y el médico encima de ella.
Yeya me dijo que está malita de la barriga y que por eso le tienen que dar
muchos masajes en la barriga. Unos niños mayores me dijeron que madre y hermana son putas y se las ventila todo el pueblo. Le pregunté a Yeya que era puta y me dijo que la palabra es pura, y pura es la persona que es muy religiosa y cree en Dios. Lo de que se la ventila todo el pueblo me dice Yeya  que es porque como tú no estás todo el pueblo las admira porque vivimos sin un hombre en casa. Y padre, yo no sé qué significa admira, pero no se lo quiero preguntar a Yeya porque siempre me dice que hago más preguntas que un tonto, y yo, tonto no soy. Padre, yo quiero que vuelvas pronto porque me aburro y quiero estar contigo, ya no quiero estar todo el día fuera de casa haciendo recados a todo el pueblo, ni tampoco quiero estar todo el día con el cura encendiendo y apagando velas.

Tío Nicolás, ese si es tío porque es hermano de madre, me ha dicho que me va a llevar a vivir con él para que le ayude a cuidar de las ovejas, porque tío Nicolás sabe mucho, y dice, que estoy mejor con él y las ovejas que entre animales. No entiendo lo de los animales porque las ovejas también son animales, ¿verdad? Creo que me voy a vivir con él porque está empezando el frío y paso mucho frío en el puerto esperando a que tu llegues en algún barco. Así que si vienes y no estoy es que me fui con tío Nicolás. Un beso fuerte y ven pronto padre»

Salí de la cantina y no vi a Esteban, lo busqué por el pueblo y nadie lo había visto. Vi como se consumió la vela, como la oscuridad se convirtió en una mañana fría y azul donde nada tenía sentido y los surcos no eran lo mismo sin mi gran amigo. Pasaron las semanas, lo busqué en bares, muelles y puertos y nunca más supe de él.
Hoy, seis años después vuelvo a Valle Gran Rey, a mi isla, a mi Gomera querida. Regreso en el Esteban, un viejo y pequeño velero, mi única fortuna; pero con un gran vacío en el corazón que espero que Estebín, mi única familia me ayude a llenar.

Ya me lo dijo un mal día Esteban, la Mantícora no termina aquí.

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